jueves, 26 de noviembre de 2009

Elogio del aburrimiento

El capitalismo prohíbe básicamente dos cosas. Una es el regalo. La otra el aburrimiento.

Cuenta Sor Juana Inés de la Cruz, la gran poetisa, monja y feminista mexicana del siglo XVII, que en una ocasión la abadesa del convento de los Jerónimos, a cuya regla estaba sometida, le prohibió leer y escribir y la mandó castigada a la cocina. Allí entre los fogones Juana Inés estudiaba y escribía con la mente; es decir, pensaba. Del huevo y de la manteca, del membrillo y del azúcar, mientras cortaba y amasaba y freía, sacaba una consideración, una reflexión, un hilo interminable de conjeturas, y esto hasta el punto de llegar a afirmar con desafiante ironía en su conocida carta a sor Filotea: “Si Aristóteles hubiera cocinado, habría pensado más y mejor”.

Si a Juana Inés, en lugar de a la cocina, la hubiesen mandado a Disneylandia, donde se hubiese aburrido menos, quizás habría dejado de leer, estudiar y pensar sin ninguna prohibición.

Contaba Rosa Chacel, una de las más grandes novelistas españolas del siglo XX, que en los años cincuenta, mientras redactaba su novela La Sinrazón, tenía la costumbre de pasar horas recostada en un sofá de su salón. La mujer de la limpieza, con la escoba en la mano, le dirigía siempre miradas entre compasivas y reprobatorias: “Si hiciera usted algo, no se aburriría tanto”. Pero es que Rosa Chacel hacía algo: estaba pensando; y hasta cambiar de postura podía distraerla de su introspección o devolverla dolorosamente a la superficie.

Si Rosa Chacel hubiese pasado horas y horas delante de la televisión, y no dentro de sí misma, jamás habría escrito ninguna de sus novelas.

Hay dos formas de impedir pensar a un ser humano: una obligarle a trabajar sin descanso; la otra, obligarle a divertirse sin interrupción. Hace falta estar muy aburrido, es verdad, para ponerse a leer; hace falta estar aburridísimo para ponerse a pensar. ¿Será bueno? ¿Será malo? El aburrimiento es la experiencia del tiempo desnudo, de la duración pastosa en la que se nos enredan las patas, del líquido viscoso en el que flotan los árboles, las casas, la mesa, nuestra silla, nuestra taza de leche. Todos los padres conocemos la angustia de un niño aburrido; todos los que fuimos niños -antes, al menos, de los videojuegos y la televisión- sabemos de la angustia de un niño aburrido pataleando en el ámbar espeso de una tarde que no acaba de morir. No hay nada más trágico que este descubrimiento del tiempo puro, pero quizás tampoco nada más formativo. Decía el poeta Leopardi que “el tedio es la quintaesencia de la sabiduría” y el antropólogo Levi-Strauss, recientemente fallecido, aseguraba haber escrito todos sus libros “contra el tedio mortal”. Uno no olvida jamás los lugares donde se ha aburrido, impresos en la memoria -con grietas y matices- como en el diario de campo de un naturalista. Uno no olvida jamás el ritmo de las cosas, la finitud de los cuerpos, la consistencia real de los cristales, si alguna vez se ha aburrido. “Amo de mi ser las horas oscuras”, decía Rainer María Rilke, porque las oscuras son no sólo la medida de las claras sino la pauta narrativa de unas y de otras. El aburrimiento, sí, es el espinazo de los cuentos, el aura de los descubrimientos, el gancho de toda atención, hacia fuera y hacia dentro.

El capitalismo prohíbe las horas oscuras y para eso tiene que incendiar el mundo. El capitalismo prohíbe el aburrimiento y para eso tiene que impedir al mismo tiempo la soledad y la compañía ¡Ni un solo minuto en la propia cabeza! ¡Ni un solo minuto en el mundo! ¿Dónde entonces? ¿Qué es lo que queda? El mercado; es decir, esa franja mesopotámica abierta entre la mente y las cosas, ancha y ajena, donde la televisión está siempre encendida, donde la música está siempre sonando, donde las luces siempre destellan, donde las vitrinas están siempre llenas, donde los teléfonos celulares están siempre llamando, donde incluso las pausas, las transiciones, las esperas, nos proporcionan siempre una emoción nueva. El capitalismo lo tolera todo, menos el aburrimiento. Tolera el crimen, la mentira, la corrupción, la frivolidad, la crueldad, pero no el tedio. Berlusconi nos hace reír, las decapitaciones en directo son entretenidas, la mafia es emocionante. ¿Cuál era el peor defecto de la URRS, lo que los europeos nunca pudimos perdonarle, lo que nos convenció realmente de su fracaso? Que era un país muy aburrido.

Eso que el filósofo Stiegler ha llamado la “proletarización del tiempo libre”, es decir, la expropiación no sólo de nuestros medios de producción sino también de nuestros instrumentos de placer y conocimiento, representa el mayor negocio del planeta. El sector de los video-juegos, por ejemplo, mueve 1.400 millones de euros en España y 47.000 millones de dólares en todo el mundo; el llamado “ocio digital” más de 177.000 millones de euros; la “industria del entretenimiento” en general -televisión, cine, música, revistas, parques temáticos, internet, etc- suma ya 2 billones de dólares anuales. “Divertir” quiere decir: separar, arrastrar lejos, llevar en otra dirección. Nos divierten. “Distraer” quiere decir: dirigir hacia otra parte, desviar, hacer caer en otro lugar. Nos distraen. “Entretener” quiere decir: mantener ocupado a alguien en un hueco donde no hay nada para que nunca llegue a su destino. Nos entretienen. ¿Qué nos roban? El tiempo mismo, que es lo que da valor a todos los productos, mentales o materiales.

El capitalismo y su industria del entretenimiento construyen todo lo contrario de una cultura del ocio. En griego, ocio se decía “skhole”, de donde viene la palabra “escuela”. El proceso es más bien el inverso, pues la escuela misma -la cocina del pensamiento, el fogón del tiempo, donde Juana Inés y Rosa Chacel horneaban sus obras- ha claudicado a la lógica del entretenimiento. Ahora no se trata de comprender o de conocer sino de conseguir que, en cualquier caso, la escuela y la universidad no sean menos divertidas que la televisión, los vídeo-juegos y Disneylandia. ¿Los alumnos estarán más atentos si los maestros utilizan pizarras electrónicas? ¿Aprenderán mejor inglés en internet con Marina Orlova, la escultural filóloga rusa en minifalda? ¿Sabrán más matemáticas o latín si acuden a la universidad de Bolonia atraídos no por sus programas y profesores sino por las cuatro modelos de cuerpos zigzagueantes contratadas para los carteles publicitarios? Lo que es seguro es que, con esta lógica, que es la del mercado, los profesores llevan todas las de perder: Aristóteles y la física cuántica nunca podrán rivalizar con Shakira y la última play-station.

Según una reciente encuesta, uno de cada veinte niños británicos están convencidos de que Hitler fue un entrenador de fútbol y uno de cada cinco creen que Auschwitz es un Parque Temático. Para muchos de ellos el Holocausto es el nombre de una fiesta.

Quizás deberíamos aburrirnos un poco más.

Santiago Alba Rico.
La Calle del Medio/Rebelión

sábado, 3 de octubre de 2009

Libro


Buena crisis
Hacia un mundo postmaterialista
Jordi Pigem
Icaria libros

Originalmente crisis era el momento crítico en el curso de una enfermedad y se hablaba de buena crisis cuando llevaba a la sanación del paciente.

La crisis económica es solo el síntoma más tangible de una crisis más profunda que se expresa en múltiples ámbitos. Se trata de una crisis sistémica, enraizada en nuestra forma obsoleta de entender el mundo.

Buena crisis muestra dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí, y y presenta una alternativa realista, inteligente y audaz para guiarnos hacia una sociedad más sana, sabia y ecológica y hacia un mundo más lleno de sentido.

martes, 14 de julio de 2009

Imagen con reflexión breve


"Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena."
Mahatma Gandhi

NR. No tenemos más derecho que nadie pero si hemos tenido mucha más suerte que muchos. No olvidemos nuestra obligación moral de luchar por la justicia social y los derechos básicos de cualquier Ser Humano.

jueves, 2 de julio de 2009

Libro


Del campo al plato
Los circuitos de producción y distribución de alimentos
Xavier Montagut y Esther Vivas
Icaria Editorial

La alimentación no es hoy un derecho garantizado. El creciente monopolio del sector agroalimentario supedita la necesidad de comer al lucro económico. Unas pocas empresas transnacionales controlan cada uno de los tramos de la cadena alimentaria, desde la producción en origen pasando por la transformación hasta la distribución final, consiguiendo enormes beneficios gracias a un modelo agroindustrial liberalizado y desregularizado.

Se trata de un monopolio que les permite ejercer un fuerte control a la hora de determinar qué consumimos, a qué precio, de quién procede, cómo ha sido elaborado, a la vez que cuentan con el apoyo explícito de gobiernos e instituciones internacionales que anteponen los beneficios de estas empresas a las necesidades alimentarias de las personas y el respeto al medio ambiente. Esta concentración empresarial ejerce un impacto muy negativo en todos los actores que participan a lo largo de la cadena: campesinado, transformadores, proveedores, trabajadores, consumidores, etc.

La actual crisis alimentaria pone de relieve esta grave situación. Hoy, la cifra de hambrientos a escala mundial suma 925 millones de personas, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), 75 más que antes de que empezara la crisis. Paradójicamente, nunca en la historia se habían producido tantos alimentos como ahora. Por lo tanto, el problema no está en la producción de comida, sino en el acceso a la misma, debido a que amplias capas de la población, especialmente en los países del Sur, no pueden pagar los precios establecidos.

Pero no solo la comida se ha convertido en un bien al servicio del mejor postor, los recursos naturales que deben de garantizar la producción de alimentos, como el agua, las semillas, la tierra..., que durante siglos habían pertenecido a las comunidades, han sido expoliados y privatizados. Esto impide el libre acceso de los pueblos a la producción y al consumo de alimentos. El derecho a la alimentación está hoy en manos de las multinacionales de la industria agroalimentaria. Trabajar la tierra, plantar las semillas, acceder al agua, comer alimentos libres de transgénicos y sin pesticidas... no es hoy una opción al alcance de campesinos y consumidores.

En este contexto, es imprescindible reivindicar nuestro derecho a la soberanía alimentaria: que los pueblos puedan decidir sus políticas agrícolas y de alimentación, que puedan proteger y regular la producción y el comercio agrícola interior con el objetivo de conseguir un desarrollo sostenible y garantizar la seguridad alimentaria. Las políticas públicas tienen que promover una agricultura autóctona, sostenible, orgánica, libre de transgénicos y para aquellos productos que no se cultiven en el ámbito local utilizar instrumentos de comercio justo a escala internacional. Un cambio de paradigma en la producción, distribución y consumo de alimentos solo será posible en un marco más amplio de transformación política, económica y social y la creación de alianzas entre campesinos, trabajadores, mujeres, inmigrantes, jóvenes... es una condición indispensable para avanzar en esta dirección.

Con este libro queremos mostrar la cara oculta del sistema agroalimentario mundial, quienes son sus principales actores, las causas que nos han conducido a la situación de crisis alimentaria, el impacto del actual modelo de producción agrícola y consumo y señalar las alternativas planteadas desde distintos movimientos sociales.

Esta publicación cuenta con el testimonio de activistas, campesinos, investigadores y consumidores de todos los continentes, quienes a partir de su análisis y experiencia nos relatan el impacto de las políticas neoliberales en los circuitos de producción y comercialización de alimentos, ya sea en su país o a escala global, así como las luchas que llevan a cabo a favor de la soberanía alimentaria, el comercio justo y el consumo crítico.

Esperamos que este material sea útil para poner al descubierto la lógica de un sistema agroalimentario extremadamente depredador e injusto y que permita analizar las causas de la actual situación de inseguridad y crisis alimentaria. Así mismo, deseamos que este libro inspire y anime a la organización y a la acción política colectiva imprescindible para avanzar avanzar hacia ese “otro mundo posible” que preconizan los movimientos sociales.

Xavier Montagut es presidente de la Xarxa de Consum Solidari y coautor de Alimentos globalizados (Icaria editorial, 2006). Esther Vivas es coordinadora del área de sensibilización de la Xarxa de Consum Solidari y autora de En pie contra la deuda externa (El Viejo Topo, 2008).

martes, 2 de junio de 2009

Libro



"Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo"
Pascual Serrano
Ed. Península

Un recorrido por los principales acontecimientos de los últimos años que nos muestra que lo sucedido no es lo que nos han contando.

La mayoría de los ciudadanos considera que, después de leer la prensa o ver los telediarios, está informada de la actualidad internacional. Sin embargo, la realidad dista mucho de ser la imagen unívoca ofrecida por los medios. Este libro recorre los principales acontecimientos de los últimos años mostrando —mediante entrevistas con expertos, bibliografía especializada y consulta de medios alternativos— que lo sucedido no es lo que nos han contando.

Pascual Serrano
, con una incisiva mirada, desentraña el funcionamiento de los grandes medios de masas para hacernos comprender que la desinformación es una constante. Lo que creemos que está sucediendo en el mundo es sólo una falsa composición al servicio de unos intereses que van, poco a poco, conformando la opinión pública. La obra, además, propone técnicas y hábitos de lectura para fomentar una nueva actitud, independiente, ante la información y promover así una ciudadanía resistente a la manipulación.

"Este nuevo libro de Pascual Serrano establece de modo definitivo, con un catálogo abrumador de hechos, datos y ejemplos, la prueba del ADN de que los medios desinforman". Ignacio Ramonet


viernes, 22 de mayo de 2009

Libro



Delirios multitudinarios
La manía del tulipán y otros mercados enloquecidos
Charles Mackay
Ed. Icaria

Delirios multitudinarios trata tres momentos de especulación desbocada en Inglaterra, Francia y Holanda entre 1635 y 1720. La posibilidad de comprar baratos bienes que se revalorizaban a velocidades increíbles sedujo a todos: en las tres ocasiones la manía fue tan extendida que alcanzó a la mayoría de la población, de todas las clases sociales. Gran número de individuos alcanzaron de pronto la riqueza, como nunca antes había ocurrido. Y sus fortunas, en la mayor parte de los casos, se evaporaron con la misma rapidez.

La gracia con que lo cuenta Mackay, unida a lo que desde nuestro tiempo parece enorme ingenuidad de los compradores (¿cómo puede alguien creer que un bulbo de tulipán pueda llegar a valer lo que una parcela edificable en el centro de la ciudad?), hace que leamos las tres historias divertidos. Pero los analistas económicos contemporáneos usan estas mismas historias para explicar nuestras actitudes presentes ante los mercados y el dinero.


sábado, 2 de mayo de 2009

Libro


¡En qué mundo vivimos!
Infórmate, piensa y actúa
Arcadi Oliveres
Ed. Icaria

¿Qué sabemos de este mundo? Poca cosa; se nos dice que estamos en la sociedad de la información, pero sabemos que es engañosa, parcial, tendenciosa...

Lo poco que sabemos nos demuestra que va bastante mal...: cuarenta millones de infectados por el virus de sida; setecientos millones de personas que ingresan un dólar al día, mil millones, dos dólares al día, y mil millones más que no ingresan nada porque son niños; cada día mueren de hambre cuarenta mil niños y treinta mil adultos....

¿Por qué va tan mal, cuáles son las razones de la injusticia? Una parte importante de la situación del Tercer Mundo se debe al conjunto de relaciones económicas injustas que mantenemos los países del Norte con los países del Sur y que también repercute internamente en los asalariados de los países ricos.

¿Qué podemos hacer para que mejore? Informarnos, pensar y actuar, pública y privadamente, es decir, presionar a los que tienen el poder, implicarnos, comprometernos.

Arcadi Oliveres es profesor de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona. Experto en relaciones Norte-Sur, comercio internacional, deuda externa y economía de defensa, imparte numerosas clases de masters y posgrados en cooperación y desarrollo.