miércoles, 28 de diciembre de 2011

Libro: "Vivir sin empleo"


Vivir sin empleo
Trueque, bancos de tiempo, monedas sociales y otras alternativas

Julio Gisbert
Colección rojo y negro
Ed. Los Libros del Lince

La terrible crisis que estamos padeciendo cierra las puertas del empleo a millones de personas. Para ellas, lo primero es encontrar de nuevo trabajo remunerado. En espera de ese día, ¿qué podemos hacer? Un experto en las alternativas a la economía del empleo nos cuenta en este libro cuáles son las opciones, dónde y cuándo se han llevado a la práctica, con qué resultados. Vivir sin empleo analiza de forma pormenorizada las más importantes: las redes de trueque, los bancos de tiempo, las monedas sociales, la otra banca y los sistemas de ayuda mutua.

Se trata de un libro eminentemente práctico que explica:
• cómo funciona una economía más equitativa;
• cómo se pueden organizar las personas afectadas por el paro o aquellas que quieren trabajar fuera del actual sistema;
• qué papel pueden tener, sobre todo, los actores sociales, desde instituciones públicas hasta ONG, para aplicar con urgencia un universo de curas paliativas a la más grave enfermedad social de nuestro tiempo.

Una obra apasionante e imprescindible que es el resultado de una vida entera dedicada a participar en esta clase de actividades y al estudio de su aplicación en países del mundo entero. 

Julio Gisbert Quero (Madrid, 1965) es licenciado en informática. Desde su juventud participó activamente en el ámbito de la economía alternativa, a partir de experiencias como la primera red de trueque en Madrid (1995). Vinculado profesionalmente al mundo de la banca y las fi nanzas, en los últimos años ha colaborado en la creación de varios bancos de tiempo y ha sido promotor de diversos movimientos asociativos, en marcos tan diferentes como el de los Derechos Humanos y la solidaridad (Asociación para las Naciones Unidas en España; Asociación Cultura Pro Naciones Unidas), el desarrollo (Asociación Espacios del Hombre), la cultura (Ateneo Escurialense; Centro Unesco de Madrid) y el diálogo interreligioso desde una perspectiva laica (Asociación para el Diálogo Interreligioso de la Comunidad de Madrid; Foro por la Paz). Este libro recoge esas experiencias y su incesante trabajo como partícipe e investigador en el campo de los modelos económicos alternativos, así como su experiencia laboral y sus esfuerzos personales por contribuir a la creación de una economía más justa, así como de una banca social más comprometida. Actualmente trabaja en una caja de ahorros de ámbito nacional en el área de particulares y microcréditos. 



domingo, 18 de diciembre de 2011

Bookcamping. "Sin libros no hay revolución"

Bookcamping
Biblioteca digital, libre y distribuida, que puedes hacer tuya y, sobre todo, ayudar a construir


En plena crisis de lo público, quizá ha llegado el momento de pensar en lo común. A raíz de la revolución #15M han surgido proyectos diversos con distintos objetivos: Bookcamping es uno de ellos, y sobre éste versa esta conversación radiofónica [1].

Al albur de una pregunta en twitter (“¿qué libro te llevarías a tu plaza/acampada/bookcamping?”), un buen número de personas se animó a listar los libros que nos han ayudado a pensar, cuestionar y comprender las realidades turbias de este neocapitalismo feroz, así como las razones de los movimientos contestarios que están intentando echar un pulso -igual de feroz- al poder. Más tarde, pasaron más cosas.

El poder, en estos días, es otro de los conceptos en proceso de redefinición. Desde nuestros portátiles y desde nuestras asambleas estamos experimentando otra forma de poder, uno inclusivo, con vocación horizontal. En relación a los libros, las gestoras de Bookcamping están haciéndose preguntas en torno a la labor editorial, la verticalidad de los procesos industriales del libro, la necesidad de licenciar con permisos de copia, descarga, redifusión y remezcla…

Tal como la realidad de nuestro entorno está mutando cada mañana, así muta la biblioteca que ideó Silvia Nanclares (apenas una lista de libros en sus inicios, hoy un repositorio que busca tener en sus estanterías sólo documentos libres de derechos). El nuevo Bookcamping, en proceso de financiación (por medio de la herramienta de micromecenazgo o crowdfunding Goteo.org), quiere ser además un entorno social en el que discutir y pensar en voz alta las lecturas, la creación, la distribución y la edición libresca. Si te gusta el proyecto, puedes colaborar con dinero y con tareas en este enlace.
 
Durante el programa, con las voces de nuestras invitadas, conocemos un poco mejor los planes de futuro de esta herramienta que nace con vocación común, libre y distribuida: que será más y mejor cuantas más personas se inmiscuyan en su realización y más usuarias se animen a leer y compartir con los demás.

Nota:
[1] Podcast: Bookcamping: de la nube a la plaza. Descarga este podcast, escúchalo en ivoox, o suscríbete al RSS [Ivoox | RSS | iTunes]

viernes, 9 de diciembre de 2011

Libro: " Manifiesto de Derechos Humanos"


Manifiesto de los Derechos Humanos
Julie Wark
Ed. Barataria
Los derechos humanos hoy no son universales, pero sí lo es el sistema de mercado. Es éste un tejido global de interdependencias económicas, esencialmente por encima y más allá del control humano; un ente fantasmagórico, supuestamente imparcial, que gobierna todas las cosas. 

Hoy en día, los «actores» no son seres humanos autónomos haciendo sus propios planes de vida, sino los agentes financieros, quienes, de muchas maneras: mediante las corporaciones, las alianzas de empresas multinacionales, las entidades invisibles, los comerciantes sin escrúpulos y los consorcios financieros, formulan las políticas económicas que afectan generalmente de manera nociva a cada una de las personas del planeta.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Libro: "Islandia, revolución bajo el volcán"


"Islandia, revolución bajo el volcán"
Xavier Moret
Ed. Alba

“Islandia, revolución bajo el volcán”, de Xavier Moret (ed. Alba, 2011) es una mezcla de libro de viajes y crónica periodística que nos hace viajar a un país único para comprender cómo “en tan solo unos días, un país que gozaba según los expertos de las mejores perspectivas de crecimiento; habitado, según decían, por la gente más feliz del mundo, pasó a ser una nación tocada y casi hundida por la crisis económica”.

El autor comienza declarando su amor por Islandia, con la que sintió un flechazo en su primer viaje en el año 2001. Se sintió extasiado por sus espectaculares países, la vitalidad de su capital y la amabilidad de sus habitantes. Este idilio tuvo como fruto el libro “La isla secreta”, en el que contaba la historia de la isla y cómo eran sus gentes. Desde entonces, el autor, periodista y viajero incansable, ha seguido visitando el país y ha sido testigo directo de los cambios que se han producido en la sociedad islandesa.

En octubre del año 2008, los tres principales bancos del país quebraron, su moneda se devaluó un 60% y la bolsa se hundió. Un país que había deslumbrado por su modernidad y su crecimiento económico se hundió en la bancarrota por la crisis financiera y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

Los expertos vaticinaron que el país lo iba a tener muy difícil para salir de la recesión, pero el pueblo islandés no se rindió y en este libro veremos cómo decidió “decidió salir a la calle para manifestarse, forzar un cambio de Gobierno, enviar a la cárcel a algunos banqueros corruptos, ser dueños de sus actos y luchar por un futuro mejor para sus hijos”.

El libro está dividido en tres partes, que abarca tres viajes realizados por el autor al país. De la mano de su amigo Einar, el autor viajó por el país y pudo entrevistarse con personajes relevantes y ciudadanos de a pie, ofreciéndonos así un cuadro de la sociedad islandesa. Cronológicamente, el primero de los viajes tiene lugar en el verano de 2008, justo antes de que estallase la crisis. El segundo será en mayo de 2010, con los efectos todavía de la erupción del volcán Eyjafiallajökull. Y, finalmente, el autor viajará a la isla en el verano de 2010, con el país intentado sobreponerse a la quiebra provocada por la crisis.

Los habitantes de Islandia nos ayudarán a comprender los entresijos de un país único y complejo, conocer sus supersticiones y las debilidades y miserias que se escondían debajo de una capa idílica y feliz. Como lector voraz de novela negra, me ha encantado la entrevista con el escritor Arnaldur Indridason, creador del inspector Erlendur, un personaje cuyas novelas han vendido millones de ejemplares en todo el mundo.

El país sigue en un proceso de renovación, han conseguido logros importantes, en enero de 2011 su economía comenzó a salir de la recesión y en abril de 2001 formaron una Asamblea Constituyente que prepara una nueva constitución, formada por 31 ciudadanos, sin afiliación política, entre los que hay profesores universitarios, abogados, un pastor luterano, periodistas y camioneros. Según palabras del autor, “ni los islandeses son gente fácil de clasificar, ni Islandia es un país fácil”. Es cierto, después de leer el libro he comprobado que son muy diferentes a nosotros, nuestra situación no es la misma, pero seguro que podemos sacar conclusiones positivas de lo que está sucediendo en esta país nórdico y aprender de su experiencia.

martes, 15 de noviembre de 2011

La biblioteca pública, ¿otro ’lujo" que no nos podemos permitir?

El autor, profesor de la Universidad Complutense, hace un llamamiento para que las bibliotecas sigan siendo públicas. Un derecho a la cultura recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos (arts. 22 y 25) y que se encuentra amenazado en el momento actual. Las bibliotecas, "en épocas de crisis, sirven de refugio a millones de ciudadanos", explica, entre otras cosas, este artículo.

La crisis a la que nos ha conducido el capitalismo de casino que vivimos va acompañada de un discurso reaccionario según el cual parece ser que es muy costoso mantener los derechos de los ciudadanos. Así, el trabajo decente es un privilegio, según nos recuerdan continuamente; la sanidad y la educación han pasado a ser un lujo insostenible de ciudadanos consentidos por gobiernos bondadosos que nos han estado manteniendo a la sopa boba; los funcionarios, una carga insoportable; las pensiones, en el futuro no podrán mantenerse. El derecho a la cultura y a la información, en este contexto, ya parece un lujo extravagante.

Se trata de un ataque al Estado del bienestar que viene ya de lejos y que se sustenta en una serie de falacias que autores como Vicenç Navarro han ido desmontando. En España el nivel de gasto social está por debajo de la media de la Europa de los 15, los países de “nuestro entorno” con los que debemos medirnos (España tiene un nivel de riqueza del 94% del promedio de la UE-15 y su gasto público social es sólo un 74%, según publicaba Navarro hace unos días); lo mismo ocurre con el número de funcionarios y otros indicadores del estado del bienestar, estado que es producto de una serie de luchas históricas para conseguir unos derechos sociales que permitan un nivel de vida digno, como proclama la Declaración Universal de Derechos Humanos (arts. 22 y 25).

Los derechos económicos, sociales y culturales no son ningún lujo, sino una exigencia a la que no podemos renunciar si queremos pertenecer a una sociedad democrática. Y en una sociedad democrática no estaría mal que las prioridades económicas y la distribución de ingresos y gastos fueran cuestiones en las que la ciudadanía tuviera algún papel, y no sólo esos dos entes que se han convertido en la gran coartada: “Europa” y “los mercados”.

Según la Constitución Española, tantas veces invocada cuando interesa e ignorada también cuando interesa, “la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (art. 128.1). El ataque al Estado del bienestar y la crisis económica y social provocada por prácticas económicas irresponsables socialmente, por políticas económicas erradas y por la ideología neoliberal, van enviando a millones de personas a engrosar las cifras de pobreza (¡casi 9 millones de pobres ya en nuestro país!) y exclusión social.

Precisamente este escenario de crisis debería conducir a políticas de ayuda y protección a los sectores más vulnerables. Uno de los instrumentos más eficaces para ayudar a estos sectores es la educación, que, como estamos viendo va hacia un modelo de beneficiencia para las capas de menor poder adquisitivo, anulando así su potencial para ayudar a que las personas puedan llevar a cabo sus proyectos vitales. Y muy directamente relacionadas con la educación están las bibliotecas públicas, que protegen los derechos de acceso a la cultura, a la información y a la educación para toda la población. Como no podría ser de otra forma dentro del modelo que se quiere imponer de “sálvese quien pueda”, las bibliotecas públicas también están sufriendo recortes inadmisibles de presupuestos, de horarios y de personal. Sin embargo, en épocas de crisis, las bibliotecas públicas sirven de refugio a millones de ciudadanos que tienen bajo nivel adquisitivo y, por consiguiente, pocos recursos.

LA FUNCIÓN SOCIAL Y EDUCATIVA DE LAS BIBLIOTECAS

En febrero de 2010 se redactó la Declaración de Murcia sobre la Acción social y educativa de las bibliotecas públicas en tiempo de crisis. En ella se dice que las bibliotecas cumplen una función social y educativa en todo momento, pero, “particularmente, pueden ser un recurso fundamental de inclusión y promoción social cuando la crisis económica incrementa el número de personas en paro, precariedad laboral, vulnerabilidad o exclusión social”. En épocas de crisis especialmente “hay que transmitir y hacer que la sociedad conozca la función de la biblioteca como institución de formación permanente, inclusión social y puerta de acceso a la sociedad de la información para todos”. Además, se dice, “la biblioteca debe atender especialmente las necesidades inclusivas y educativas de las personas y colectivos más vulnerables”.

Hace unas semanas el profesor José Antonio Gómez (Universidad de Murcia) decía en un foro de discusión: “Nos necesitan [refiriéndose a las bibliotecas] los cinco millones de personas en situación de desempleo, la mitad de la población española sin acceso a Internet en su hogar, los casi ocho millones de alumnos de la Educación obligatoria o más del 20% de la ciudadanía que se encuentra por debajo del umbral de la pobreza”.

No podemos seguir aceptando el discurso que sugiere que los derechos sociales no son derechos humanos, o bien que son para épocas de vacas gordas. Precisamente en épocas de crisis es cuando los derechos sociales son más necesarios, ya que son derechos solidarios y su función es garantizar un nivel de vida digno a todo ser humano, además de dar oportunidades a las capas más desfavorecidas. De hecho, en la crisis de 1929 los servicios públicos, concebidos precisamente para atender los derechos sociales, pasaron de ser un paliativo de los fallos del mercado a ser un instrumento de regulación del capitalismo.

La biblioteca es un servicio esencial para ejercer los derechos de acceso a la cultura, a la información y a la educación, sin los que el ciudadano no puede participar en la vida social y cultural. La crisis económica no debe ser una excusa para recortar presupuestos destinados a ella, sino un motivo para fortalecerla, si no queremos volver al modelo de beneficiencia del siglo XIX, cuando los pobres no tenían derecho a nada, sino que recibían la vergonzante caridad de los ricos. La biblioteca pública es un derecho que debemos defender sin el menor titubeo

* Pedro López  López es Profesor de la Universidad Complutense Miembro de la Plataforma Contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas
Diagonal

jueves, 10 de noviembre de 2011

Libro: Crisis y revolución en Europa

Crisis y revolución en Europa
Observatorio Metropolitano

Colección Traficantes de Sueños

El colectivo de investigación militante lanza un llamamiento a los movimientos hermanos de Europa para desvelar la trampa de la deuda y proponer claves de la futura revolución: impago, reparto, democracia, comunes y Europa.

Cuatro años de crisis, tres de programas de austeridad y recortes sociales parecen bastantes. El actual mando de la política económica europea (el Banco Central, la Comisión, las Merkel y los Sarkozy) no nos ha conducido a nada que se asemeje a la esperada recuperación. Antes al contrario, su obcecada pleitesía a los intereses de los acreedores (léase: grandes bancos) sólo ha servido para animar y bendecir la mayor operación de socialización de deuda privada de la historia europea (léase: crisis de la deuda soberana y previsible quiebra de los llamados estados periféricos). Y lo que es peor, nos ha llevado a una situación de crisis permanente y «sin salida» posible. En ausencia de otros protagonistas, el desenlace de la tragicomedia europea ha quedado reducido a la alternativa entre un cambio radical (del que ni la clase política ni las élites económicas parecen capaces) o la insistencia en el neoliberalismo rampante, que amenaza con llevarse por delante al proyecto europeo, moneda incluida.

Pero como ante el peligro del poeta, en la crisis europea también «crece lo que salva». El antídoto ha venido de la mano de los movimientos ciudadanos que hoy se extienden por casi toda la geografía continental. Se trata del 15M, del movimiento de las plazas griegas, de los huelguistas franceses y de los indignados de un número creciente de países. Es en este work in progress de reinvención política, donde se puede hallar la salida social a la crisis, además del rescate de lo único que realmente importa: la democracia y la sociedad europea

 


martes, 8 de noviembre de 2011

Malos tiempos para la cultura

Las noticias sobre cultura suelen venir acompañadas estos días de la palabra cierre. Se suspenden festivales, se despiden músicos y bibliotecarios, se apaga la luz de las fundaciones y se niegan ayudas a programas de conferencias. Llueve sobre mojado en los dividendos de las grandes empresas, pero cae un sol implacable sobre la sequía de la educación y la cultura. El panorama es aún más grave después de la bancarización de las cajas de ahorros. Por lo que se refiere a patrimonio y actividades culturales, el Estado sólo llegaba a muchos territorios a través de la obra social de las cajas.

Es verdad que estos recortes llaman menos la atención que el candado en quirófanos y salas de urgencia. Pero merece la pena preocuparse de ellos, aunque sea en voz baja, en medio de la escandalera de la crisis. ¿Qué nos queda a los ciudadanos? Puede resumirse en una palabra: la telebasura.

Dentro del horizonte social ilustrado, la cultura se identificó con el conocimiento y la educación. Los estudios realizados en los últimos años sobre esta materia indican que los europeos identificamos ya cultura con espectáculo. Y el espectáculo no se concibe como propuesta de pensamiento o belleza, sino como un modo de diversión fácil. Filósofos y tertulianos del corazón pertenecen al mismo circo. Pero los filósofos dan la lata y los tertulianos entretienen.

Como la labor intelectual es inseparable de la conciencia crítica, los poderes económicos y políticos más conservadores prefieren invertir en su desprestigio. Han sido frecuentes las campañas de publicidad contra el mundo de la cultura bajo la consigna de que actores, cantantes, cineastas, escritores y músicos viven del pesebre, las subvenciones estatales y los favores del Gobierno socialista. Con un mínimo análisis de la realidad, se comprueba que muchos de los nombres criticados nunca apoyaron al PSOE y que la parte más significativa de la llamada ceja necesitaba pocas subvenciones públicas debido a su éxito profesional. Las ayudas o los recortes en cultura afectan más a los artistas jóvenes que a los consagrados.

Las fundaciones y los foros culturales han jugado un significativo papel de intermediación. Al desaparecer este tejido de articulación cívica, los individuos quedan sometidos a la farsa populista del poder. El éxito de las campañas contra la cultura, en las que la derecha ha contado con el apoyo furibundo de algunas voces izquierdistas, es un síntoma que va más allá de las tácticas coyunturales del partido conservador. Se relaciona con un descrédito interesado de los políticos y los intelectuales. Es grave para la democracia que se pretenda ridiculizar el apoyo público y libre a una opción política. Y es grave para la sociedad que se desprecie la inteligencia. ¿Qué se habrán creído estos?, ¿es que son más importantes que yo?, preguntan los devotos de la telebasura. Ningún ser humano es más importante que otro. Pero es una trampa confundir la igualdad democrática con el desprecio al estudio, el conocimiento y la reflexión. Los instintos bajos del populismo y las reacciones viscerales no son un buen camino para definir la sociedad. Importan más los argumentos de peso y la lentitud del pensamiento. Desde esta perspectiva sí vale la experiencia del respeto democrático. Conocemos doctores y personajes con fama de cultos que dicen verdaderos disparates, y gente anónima, de sabiduría vital, capaz de enseñarnos a mirar el mundo.

Albert Camus nos avisó de que la zafiedad y la degradación en el tiempo de ocio son tan graves como la precariedad laboral y la falta de libertad. El populismo grotesco de la política dominante, los chistes, las tonterías y los silencios de los candidatos, el papel de las mentiras en las campañas electorales, serían poco efectivos sin ciudadanos acostumbrados a despreciar la cultura, orgullosos de su propio analfabetismo. Este es el horizonte que se cultiva con el cierre de fundaciones, festivales, orquestas y bibliotecas. Se trata de recortes en la capacidad de pensar al margen del populismo dominante.

El compromiso intelectual es doble: dejarse ver con seriedad en la política y dar un poco la lata en el trabajo profesional. La cultura no tiene por qué someterse a las exigencias del entretenimiento facilón.

Luis García Montero
Público