miércoles, 28 de diciembre de 2011

Libro: "Vivir sin empleo"


Vivir sin empleo
Trueque, bancos de tiempo, monedas sociales y otras alternativas

Julio Gisbert
Colección rojo y negro
Ed. Los Libros del Lince

La terrible crisis que estamos padeciendo cierra las puertas del empleo a millones de personas. Para ellas, lo primero es encontrar de nuevo trabajo remunerado. En espera de ese día, ¿qué podemos hacer? Un experto en las alternativas a la economía del empleo nos cuenta en este libro cuáles son las opciones, dónde y cuándo se han llevado a la práctica, con qué resultados. Vivir sin empleo analiza de forma pormenorizada las más importantes: las redes de trueque, los bancos de tiempo, las monedas sociales, la otra banca y los sistemas de ayuda mutua.

Se trata de un libro eminentemente práctico que explica:
• cómo funciona una economía más equitativa;
• cómo se pueden organizar las personas afectadas por el paro o aquellas que quieren trabajar fuera del actual sistema;
• qué papel pueden tener, sobre todo, los actores sociales, desde instituciones públicas hasta ONG, para aplicar con urgencia un universo de curas paliativas a la más grave enfermedad social de nuestro tiempo.

Una obra apasionante e imprescindible que es el resultado de una vida entera dedicada a participar en esta clase de actividades y al estudio de su aplicación en países del mundo entero. 

Julio Gisbert Quero (Madrid, 1965) es licenciado en informática. Desde su juventud participó activamente en el ámbito de la economía alternativa, a partir de experiencias como la primera red de trueque en Madrid (1995). Vinculado profesionalmente al mundo de la banca y las fi nanzas, en los últimos años ha colaborado en la creación de varios bancos de tiempo y ha sido promotor de diversos movimientos asociativos, en marcos tan diferentes como el de los Derechos Humanos y la solidaridad (Asociación para las Naciones Unidas en España; Asociación Cultura Pro Naciones Unidas), el desarrollo (Asociación Espacios del Hombre), la cultura (Ateneo Escurialense; Centro Unesco de Madrid) y el diálogo interreligioso desde una perspectiva laica (Asociación para el Diálogo Interreligioso de la Comunidad de Madrid; Foro por la Paz). Este libro recoge esas experiencias y su incesante trabajo como partícipe e investigador en el campo de los modelos económicos alternativos, así como su experiencia laboral y sus esfuerzos personales por contribuir a la creación de una economía más justa, así como de una banca social más comprometida. Actualmente trabaja en una caja de ahorros de ámbito nacional en el área de particulares y microcréditos. 



domingo, 18 de diciembre de 2011

Bookcamping. "Sin libros no hay revolución"

Bookcamping
Biblioteca digital, libre y distribuida, que puedes hacer tuya y, sobre todo, ayudar a construir


En plena crisis de lo público, quizá ha llegado el momento de pensar en lo común. A raíz de la revolución #15M han surgido proyectos diversos con distintos objetivos: Bookcamping es uno de ellos, y sobre éste versa esta conversación radiofónica [1].

Al albur de una pregunta en twitter (“¿qué libro te llevarías a tu plaza/acampada/bookcamping?”), un buen número de personas se animó a listar los libros que nos han ayudado a pensar, cuestionar y comprender las realidades turbias de este neocapitalismo feroz, así como las razones de los movimientos contestarios que están intentando echar un pulso -igual de feroz- al poder. Más tarde, pasaron más cosas.

El poder, en estos días, es otro de los conceptos en proceso de redefinición. Desde nuestros portátiles y desde nuestras asambleas estamos experimentando otra forma de poder, uno inclusivo, con vocación horizontal. En relación a los libros, las gestoras de Bookcamping están haciéndose preguntas en torno a la labor editorial, la verticalidad de los procesos industriales del libro, la necesidad de licenciar con permisos de copia, descarga, redifusión y remezcla…

Tal como la realidad de nuestro entorno está mutando cada mañana, así muta la biblioteca que ideó Silvia Nanclares (apenas una lista de libros en sus inicios, hoy un repositorio que busca tener en sus estanterías sólo documentos libres de derechos). El nuevo Bookcamping, en proceso de financiación (por medio de la herramienta de micromecenazgo o crowdfunding Goteo.org), quiere ser además un entorno social en el que discutir y pensar en voz alta las lecturas, la creación, la distribución y la edición libresca. Si te gusta el proyecto, puedes colaborar con dinero y con tareas en este enlace.
 
Durante el programa, con las voces de nuestras invitadas, conocemos un poco mejor los planes de futuro de esta herramienta que nace con vocación común, libre y distribuida: que será más y mejor cuantas más personas se inmiscuyan en su realización y más usuarias se animen a leer y compartir con los demás.

Nota:
[1] Podcast: Bookcamping: de la nube a la plaza. Descarga este podcast, escúchalo en ivoox, o suscríbete al RSS [Ivoox | RSS | iTunes]

viernes, 9 de diciembre de 2011

Libro: " Manifiesto de Derechos Humanos"


Manifiesto de los Derechos Humanos
Julie Wark
Ed. Barataria
Los derechos humanos hoy no son universales, pero sí lo es el sistema de mercado. Es éste un tejido global de interdependencias económicas, esencialmente por encima y más allá del control humano; un ente fantasmagórico, supuestamente imparcial, que gobierna todas las cosas. 

Hoy en día, los «actores» no son seres humanos autónomos haciendo sus propios planes de vida, sino los agentes financieros, quienes, de muchas maneras: mediante las corporaciones, las alianzas de empresas multinacionales, las entidades invisibles, los comerciantes sin escrúpulos y los consorcios financieros, formulan las políticas económicas que afectan generalmente de manera nociva a cada una de las personas del planeta.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Libro: "Islandia, revolución bajo el volcán"


"Islandia, revolución bajo el volcán"
Xavier Moret
Ed. Alba

“Islandia, revolución bajo el volcán”, de Xavier Moret (ed. Alba, 2011) es una mezcla de libro de viajes y crónica periodística que nos hace viajar a un país único para comprender cómo “en tan solo unos días, un país que gozaba según los expertos de las mejores perspectivas de crecimiento; habitado, según decían, por la gente más feliz del mundo, pasó a ser una nación tocada y casi hundida por la crisis económica”.

El autor comienza declarando su amor por Islandia, con la que sintió un flechazo en su primer viaje en el año 2001. Se sintió extasiado por sus espectaculares países, la vitalidad de su capital y la amabilidad de sus habitantes. Este idilio tuvo como fruto el libro “La isla secreta”, en el que contaba la historia de la isla y cómo eran sus gentes. Desde entonces, el autor, periodista y viajero incansable, ha seguido visitando el país y ha sido testigo directo de los cambios que se han producido en la sociedad islandesa.

En octubre del año 2008, los tres principales bancos del país quebraron, su moneda se devaluó un 60% y la bolsa se hundió. Un país que había deslumbrado por su modernidad y su crecimiento económico se hundió en la bancarrota por la crisis financiera y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

Los expertos vaticinaron que el país lo iba a tener muy difícil para salir de la recesión, pero el pueblo islandés no se rindió y en este libro veremos cómo decidió “decidió salir a la calle para manifestarse, forzar un cambio de Gobierno, enviar a la cárcel a algunos banqueros corruptos, ser dueños de sus actos y luchar por un futuro mejor para sus hijos”.

El libro está dividido en tres partes, que abarca tres viajes realizados por el autor al país. De la mano de su amigo Einar, el autor viajó por el país y pudo entrevistarse con personajes relevantes y ciudadanos de a pie, ofreciéndonos así un cuadro de la sociedad islandesa. Cronológicamente, el primero de los viajes tiene lugar en el verano de 2008, justo antes de que estallase la crisis. El segundo será en mayo de 2010, con los efectos todavía de la erupción del volcán Eyjafiallajökull. Y, finalmente, el autor viajará a la isla en el verano de 2010, con el país intentado sobreponerse a la quiebra provocada por la crisis.

Los habitantes de Islandia nos ayudarán a comprender los entresijos de un país único y complejo, conocer sus supersticiones y las debilidades y miserias que se escondían debajo de una capa idílica y feliz. Como lector voraz de novela negra, me ha encantado la entrevista con el escritor Arnaldur Indridason, creador del inspector Erlendur, un personaje cuyas novelas han vendido millones de ejemplares en todo el mundo.

El país sigue en un proceso de renovación, han conseguido logros importantes, en enero de 2011 su economía comenzó a salir de la recesión y en abril de 2001 formaron una Asamblea Constituyente que prepara una nueva constitución, formada por 31 ciudadanos, sin afiliación política, entre los que hay profesores universitarios, abogados, un pastor luterano, periodistas y camioneros. Según palabras del autor, “ni los islandeses son gente fácil de clasificar, ni Islandia es un país fácil”. Es cierto, después de leer el libro he comprobado que son muy diferentes a nosotros, nuestra situación no es la misma, pero seguro que podemos sacar conclusiones positivas de lo que está sucediendo en esta país nórdico y aprender de su experiencia.

martes, 15 de noviembre de 2011

La biblioteca pública, ¿otro ’lujo" que no nos podemos permitir?

El autor, profesor de la Universidad Complutense, hace un llamamiento para que las bibliotecas sigan siendo públicas. Un derecho a la cultura recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos (arts. 22 y 25) y que se encuentra amenazado en el momento actual. Las bibliotecas, "en épocas de crisis, sirven de refugio a millones de ciudadanos", explica, entre otras cosas, este artículo.

La crisis a la que nos ha conducido el capitalismo de casino que vivimos va acompañada de un discurso reaccionario según el cual parece ser que es muy costoso mantener los derechos de los ciudadanos. Así, el trabajo decente es un privilegio, según nos recuerdan continuamente; la sanidad y la educación han pasado a ser un lujo insostenible de ciudadanos consentidos por gobiernos bondadosos que nos han estado manteniendo a la sopa boba; los funcionarios, una carga insoportable; las pensiones, en el futuro no podrán mantenerse. El derecho a la cultura y a la información, en este contexto, ya parece un lujo extravagante.

Se trata de un ataque al Estado del bienestar que viene ya de lejos y que se sustenta en una serie de falacias que autores como Vicenç Navarro han ido desmontando. En España el nivel de gasto social está por debajo de la media de la Europa de los 15, los países de “nuestro entorno” con los que debemos medirnos (España tiene un nivel de riqueza del 94% del promedio de la UE-15 y su gasto público social es sólo un 74%, según publicaba Navarro hace unos días); lo mismo ocurre con el número de funcionarios y otros indicadores del estado del bienestar, estado que es producto de una serie de luchas históricas para conseguir unos derechos sociales que permitan un nivel de vida digno, como proclama la Declaración Universal de Derechos Humanos (arts. 22 y 25).

Los derechos económicos, sociales y culturales no son ningún lujo, sino una exigencia a la que no podemos renunciar si queremos pertenecer a una sociedad democrática. Y en una sociedad democrática no estaría mal que las prioridades económicas y la distribución de ingresos y gastos fueran cuestiones en las que la ciudadanía tuviera algún papel, y no sólo esos dos entes que se han convertido en la gran coartada: “Europa” y “los mercados”.

Según la Constitución Española, tantas veces invocada cuando interesa e ignorada también cuando interesa, “la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (art. 128.1). El ataque al Estado del bienestar y la crisis económica y social provocada por prácticas económicas irresponsables socialmente, por políticas económicas erradas y por la ideología neoliberal, van enviando a millones de personas a engrosar las cifras de pobreza (¡casi 9 millones de pobres ya en nuestro país!) y exclusión social.

Precisamente este escenario de crisis debería conducir a políticas de ayuda y protección a los sectores más vulnerables. Uno de los instrumentos más eficaces para ayudar a estos sectores es la educación, que, como estamos viendo va hacia un modelo de beneficiencia para las capas de menor poder adquisitivo, anulando así su potencial para ayudar a que las personas puedan llevar a cabo sus proyectos vitales. Y muy directamente relacionadas con la educación están las bibliotecas públicas, que protegen los derechos de acceso a la cultura, a la información y a la educación para toda la población. Como no podría ser de otra forma dentro del modelo que se quiere imponer de “sálvese quien pueda”, las bibliotecas públicas también están sufriendo recortes inadmisibles de presupuestos, de horarios y de personal. Sin embargo, en épocas de crisis, las bibliotecas públicas sirven de refugio a millones de ciudadanos que tienen bajo nivel adquisitivo y, por consiguiente, pocos recursos.

LA FUNCIÓN SOCIAL Y EDUCATIVA DE LAS BIBLIOTECAS

En febrero de 2010 se redactó la Declaración de Murcia sobre la Acción social y educativa de las bibliotecas públicas en tiempo de crisis. En ella se dice que las bibliotecas cumplen una función social y educativa en todo momento, pero, “particularmente, pueden ser un recurso fundamental de inclusión y promoción social cuando la crisis económica incrementa el número de personas en paro, precariedad laboral, vulnerabilidad o exclusión social”. En épocas de crisis especialmente “hay que transmitir y hacer que la sociedad conozca la función de la biblioteca como institución de formación permanente, inclusión social y puerta de acceso a la sociedad de la información para todos”. Además, se dice, “la biblioteca debe atender especialmente las necesidades inclusivas y educativas de las personas y colectivos más vulnerables”.

Hace unas semanas el profesor José Antonio Gómez (Universidad de Murcia) decía en un foro de discusión: “Nos necesitan [refiriéndose a las bibliotecas] los cinco millones de personas en situación de desempleo, la mitad de la población española sin acceso a Internet en su hogar, los casi ocho millones de alumnos de la Educación obligatoria o más del 20% de la ciudadanía que se encuentra por debajo del umbral de la pobreza”.

No podemos seguir aceptando el discurso que sugiere que los derechos sociales no son derechos humanos, o bien que son para épocas de vacas gordas. Precisamente en épocas de crisis es cuando los derechos sociales son más necesarios, ya que son derechos solidarios y su función es garantizar un nivel de vida digno a todo ser humano, además de dar oportunidades a las capas más desfavorecidas. De hecho, en la crisis de 1929 los servicios públicos, concebidos precisamente para atender los derechos sociales, pasaron de ser un paliativo de los fallos del mercado a ser un instrumento de regulación del capitalismo.

La biblioteca es un servicio esencial para ejercer los derechos de acceso a la cultura, a la información y a la educación, sin los que el ciudadano no puede participar en la vida social y cultural. La crisis económica no debe ser una excusa para recortar presupuestos destinados a ella, sino un motivo para fortalecerla, si no queremos volver al modelo de beneficiencia del siglo XIX, cuando los pobres no tenían derecho a nada, sino que recibían la vergonzante caridad de los ricos. La biblioteca pública es un derecho que debemos defender sin el menor titubeo

* Pedro López  López es Profesor de la Universidad Complutense Miembro de la Plataforma Contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas
Diagonal

jueves, 10 de noviembre de 2011

Libro: Crisis y revolución en Europa

Crisis y revolución en Europa
Observatorio Metropolitano

Colección Traficantes de Sueños

El colectivo de investigación militante lanza un llamamiento a los movimientos hermanos de Europa para desvelar la trampa de la deuda y proponer claves de la futura revolución: impago, reparto, democracia, comunes y Europa.

Cuatro años de crisis, tres de programas de austeridad y recortes sociales parecen bastantes. El actual mando de la política económica europea (el Banco Central, la Comisión, las Merkel y los Sarkozy) no nos ha conducido a nada que se asemeje a la esperada recuperación. Antes al contrario, su obcecada pleitesía a los intereses de los acreedores (léase: grandes bancos) sólo ha servido para animar y bendecir la mayor operación de socialización de deuda privada de la historia europea (léase: crisis de la deuda soberana y previsible quiebra de los llamados estados periféricos). Y lo que es peor, nos ha llevado a una situación de crisis permanente y «sin salida» posible. En ausencia de otros protagonistas, el desenlace de la tragicomedia europea ha quedado reducido a la alternativa entre un cambio radical (del que ni la clase política ni las élites económicas parecen capaces) o la insistencia en el neoliberalismo rampante, que amenaza con llevarse por delante al proyecto europeo, moneda incluida.

Pero como ante el peligro del poeta, en la crisis europea también «crece lo que salva». El antídoto ha venido de la mano de los movimientos ciudadanos que hoy se extienden por casi toda la geografía continental. Se trata del 15M, del movimiento de las plazas griegas, de los huelguistas franceses y de los indignados de un número creciente de países. Es en este work in progress de reinvención política, donde se puede hallar la salida social a la crisis, además del rescate de lo único que realmente importa: la democracia y la sociedad europea

 


martes, 8 de noviembre de 2011

Malos tiempos para la cultura

Las noticias sobre cultura suelen venir acompañadas estos días de la palabra cierre. Se suspenden festivales, se despiden músicos y bibliotecarios, se apaga la luz de las fundaciones y se niegan ayudas a programas de conferencias. Llueve sobre mojado en los dividendos de las grandes empresas, pero cae un sol implacable sobre la sequía de la educación y la cultura. El panorama es aún más grave después de la bancarización de las cajas de ahorros. Por lo que se refiere a patrimonio y actividades culturales, el Estado sólo llegaba a muchos territorios a través de la obra social de las cajas.

Es verdad que estos recortes llaman menos la atención que el candado en quirófanos y salas de urgencia. Pero merece la pena preocuparse de ellos, aunque sea en voz baja, en medio de la escandalera de la crisis. ¿Qué nos queda a los ciudadanos? Puede resumirse en una palabra: la telebasura.

Dentro del horizonte social ilustrado, la cultura se identificó con el conocimiento y la educación. Los estudios realizados en los últimos años sobre esta materia indican que los europeos identificamos ya cultura con espectáculo. Y el espectáculo no se concibe como propuesta de pensamiento o belleza, sino como un modo de diversión fácil. Filósofos y tertulianos del corazón pertenecen al mismo circo. Pero los filósofos dan la lata y los tertulianos entretienen.

Como la labor intelectual es inseparable de la conciencia crítica, los poderes económicos y políticos más conservadores prefieren invertir en su desprestigio. Han sido frecuentes las campañas de publicidad contra el mundo de la cultura bajo la consigna de que actores, cantantes, cineastas, escritores y músicos viven del pesebre, las subvenciones estatales y los favores del Gobierno socialista. Con un mínimo análisis de la realidad, se comprueba que muchos de los nombres criticados nunca apoyaron al PSOE y que la parte más significativa de la llamada ceja necesitaba pocas subvenciones públicas debido a su éxito profesional. Las ayudas o los recortes en cultura afectan más a los artistas jóvenes que a los consagrados.

Las fundaciones y los foros culturales han jugado un significativo papel de intermediación. Al desaparecer este tejido de articulación cívica, los individuos quedan sometidos a la farsa populista del poder. El éxito de las campañas contra la cultura, en las que la derecha ha contado con el apoyo furibundo de algunas voces izquierdistas, es un síntoma que va más allá de las tácticas coyunturales del partido conservador. Se relaciona con un descrédito interesado de los políticos y los intelectuales. Es grave para la democracia que se pretenda ridiculizar el apoyo público y libre a una opción política. Y es grave para la sociedad que se desprecie la inteligencia. ¿Qué se habrán creído estos?, ¿es que son más importantes que yo?, preguntan los devotos de la telebasura. Ningún ser humano es más importante que otro. Pero es una trampa confundir la igualdad democrática con el desprecio al estudio, el conocimiento y la reflexión. Los instintos bajos del populismo y las reacciones viscerales no son un buen camino para definir la sociedad. Importan más los argumentos de peso y la lentitud del pensamiento. Desde esta perspectiva sí vale la experiencia del respeto democrático. Conocemos doctores y personajes con fama de cultos que dicen verdaderos disparates, y gente anónima, de sabiduría vital, capaz de enseñarnos a mirar el mundo.

Albert Camus nos avisó de que la zafiedad y la degradación en el tiempo de ocio son tan graves como la precariedad laboral y la falta de libertad. El populismo grotesco de la política dominante, los chistes, las tonterías y los silencios de los candidatos, el papel de las mentiras en las campañas electorales, serían poco efectivos sin ciudadanos acostumbrados a despreciar la cultura, orgullosos de su propio analfabetismo. Este es el horizonte que se cultiva con el cierre de fundaciones, festivales, orquestas y bibliotecas. Se trata de recortes en la capacidad de pensar al margen del populismo dominante.

El compromiso intelectual es doble: dejarse ver con seriedad en la política y dar un poco la lata en el trabajo profesional. La cultura no tiene por qué someterse a las exigencias del entretenimiento facilón.

Luis García Montero
Público

jueves, 3 de noviembre de 2011

Acampar en Internet: ¿Facebook o N-1?

Tan sólo unas semanas después de los levantamientos populares en Egipto o Túnez, Juan Luis Cebrián, consejero delegado del grupo Prisa, decía en Nueva York que Twitter y Facebook son un buen instrumento para convocar manifestaciones pero no para “el análisis y la comprensión de la situación” [1].

El 15 de mayo, tras la cobertura que los medios de comunicación daban a la primera manifestación de los “indignados”, Twitter reproducía multitud de mensajes contra los medios convencionales: “No nos hacen falta, aquí está la realidad” decía uno de los 87.000 usuarios de las redes sociales que se calculan [2] han participado en la movilización cibernética del 15M.

Una red de 87.569 usuarios y 581.749 mensajes, con más de 200 páginas en Facebook y 200.000 seguidores, 70 palabras clave en Twitter y cotas de 500 mensajes breves (o tuits) por hora [3]. El 15M ha vuelto a poner a las redes sociales en el centro del debate, a pesar de que las acampadas y manifestaciones han mostrado la enorme presencialidad del movimiento y a pesar de que es evidente que una revuelta popular no sólo depende de los canales comunicativos en los que se apoya.

Cuando el movimiento 15M empezó a mirar a los barrios y planificar su existencia más allá de las acampadas, entre las distintas herramientas de gestión aparecieron aquellas pequeñas redes sociales que, como N-1, habían ido creciendo como alternativa frente a las grandes redes sociales. Si en Facebook o Tuenti es donde está la gente, ¿Por qué motivos el 15M comienza ahora a organizarse a través de una pequeña red como N-1?

Redes 2.0
El análisis de las redes sociales tiene un punto de teleología adivinatoria. La prensa moderna se fragua en el siglo XVIII, las primeras retransmisiones televisivas de la BBC datan de 1930 y Facebook aparece en escena en el año 2003. La propia historia de Internet es relativamente corta. Hasta los años 90 no estaría a punto uno de sus elementos más característicos, el hipertexto. Con éste pudo comenzar una nueva cultura de acceso a la información en red, a través de páginas web interconectadas por hipervínculos. A mediados de los 90, un minoritario grupo de 16 millones de personas (el 0,4% de la población mundial [4]) navegaba (siguiendo la exitosa metáfora del ciberespacio como un enorme océano lleno de islas informativas) entre sencillos documentos de texto utilizando un programa llamado Netscape. Algunas pocas imágenes acompañaban a esos textos académicos, institucionales o literarios, pero Internet era aún sinónimo de unidireccionalidad comunicativa. Quizás la herramienta más representativa de la participación en estos primeros sitios web era el libro de visita, un foro donde el navegante dejaba sus impresiones.

Para modificar o añadir contenidos de un sitio web era habitual que la persona que gestionaba la web reprogramara los códigos HTML necesarios y transfiriera los archivos modificados utilizando un protocolo llamado FTP. El oficio de creación en Internet estaba, por lo tanto, más ligado a la programación informática que a un tipo particular de diseño gráfico. Pero en muy pocos años se fueron incluyendo herramientas de interacción con los lectores y las lectoras en forma de foros, chats, listas de correo o gestores de correo web.

Las aplicaciones CGI (Common Gateway Interface) permitieron ejecutar en el servidor programas en tiempo real, por ejemplo, para gestionar o visualizar bases de datos, y fueron la antesala de los lenguajes dinámicos (como PHP o ASP) con los que se popularizaron los gestores de contenidos, esas aplicaciones que permiten actualizar en segundos un sitio web sin tener conocimientos avanzados de informática.

Aunque el tránsito de los primeros sitios web estáticos a los sitios web basados en la gestión interactiva de potentes bases de datos ha sido progresivo, incluso difícil de percibir entre los enormes cambios estéticos y de contenidos que le han acompañado, ha supuesto toda una revolución en la forma de operar en Internet. De hecho, esta revolución silenciosa hacia la interactividad se hace realmente debate cuando surge el concepto Web 2.0, popularizado tan sólo hace seis años por el escritor y empresario Tim O’Reilly. Así, los cambios que se han ido produciendo en la forma de entender las distintas actividades implicadas en el uso de Internet han terminado por dar a este concepto mayor trascendencia de lo inicialmente previsto.

La interactividad sosegada de los foros web o de las interacciones de la comunidad Geocities se ha hecho masiva e inmediata con Messenger, Skype, Gmail y, definitivamente, las redes sociales. El resultado es una cultura de uso que impregna a todas las actividades virtuales. Las descargas de música o vídeo dan paso a la reproducción directa e instantánea vía Spotify o Megaupload. Los 120 caracteres de Twitter hacen de incansables y caóticos teletipos entre lo informativo y lo anecdótico. Quizás, la primera muestra patente de que la Web 2.0 era un cambio cultural se deduce del éxito de la blogosfera. Los blogs, esos sitios web que recogen las aportaciones personales del navegante, como una bitácora cotidiana de la experiencia del internauta, dotan de espacio informativo a una buena parte de la población cibernética. De navegante a propietario de isla. De receptor a emisor.

Pero el paradigma 2.0 no ha residido en la apropiación de las islas informativas, sino más bien en la producción colectiva del oceáno cibernético. El navegante 2.0 interviene en los lugares por donde pasa, aportando, ordenando o valorando los contenidos. Y la Wiki, esa aplicación web donde los visitantes operan sobre documentos colectivos, bajo criterios definidos y procesos consensuados, es su más clara expresión. Por ello, la Wikipedia, una gran enciclopedia elaborada y mantenida por miles de voluntarios internautas, no sólo representa el éxito de un sistema de producción compartido, sino el de un paradigma que se propone como alternativa de gestión ante el papel cada vez más determinante de las grandes empresas de contenidos: “La sociedad de la información y el nuevo contexto digital han supuesto una revolución en la forma de crear conocimiento y cultura, y, sobre todo, en la forma de acceder a ellos. Ciudadanos/as, artistas y consumidores/as han dejado de ser sujetos pasivos y aislados/as frente a la industria de producción y distribución de contenidos. Ahora cada persona colabora, participa y decide de forma más directa y democrática”, dice el manifiesto del Foro para el acceso a la cultura y el conocimiento [5].

Y sin embargo, la Web 2.0 está avanzando hacia un tipo de participación que no sólo no se deshace de las grandes empresas, sino que incluso fragmenta una parte importante de su ciberespacio colectivo.

La red fragmentada
Facebook tiene su origen en una plataforma donde los estudiantes universitarios de Harvard, a través de sus perfiles personales, compartían información. Y es que una red social digital no es sino una red dentro de otra red. Internet es una red de ordenadores que permite que personas conectadas desde distintos puntos del territorio puedan compartir servicios como el correo electrónico, las páginas web o los buscadores de recursos. Y una red social digital se basa justamente en establecer servicios más complejos y potentes entre un conjunto de los usuarios de Internet, generando algún tipo de red semicerrada.

Este entorno semicerrado, que tiene su origen en las comunidades virtuales establecidas entorno a los foros web temáticos, las listas de correo y el fenómeno messenger, supone otra cota en el paradigma 2.0: la red social digital parte de los lazos afectivos del mundo analógico o “real” para sobre ellos construir un ciberespacio colectivo con identidad de grupo. Justamente, el éxito de Facebook no fue conectar a personas desconocidas, sino reconectar en el entorno digital a personas ya vinculadas afectivamente mediante lazos familiares, laborales, lúdicos o territoriales. La extensión de Facebook hasta sus actuales 500 millones de usuarios tiene más que ver con el reencuentro de amigos de la infancia y compañeros de colegio en el entorno digital que con la búsqueda incansable de nuevos ciberamigos. Las interacciones dentro de la red a base de textos, vídeos, fotos o enlaces recomendados son, en este entorno, productores de identidad de grupo, pero no dejan de encuadrarse, al fin y al cabo, en relaciones sociales complejas donde la relación no-digital sigue teniendo un peso esencial.

Con las redes sociales, la navegación clásica basada en los hipervínculos es sustituida por una navegación en profundidad, dentro de espacios acotados por microcomunidades dispersas (familia, grupo de amigos, compañeros de trabajo...). Facebook o Tuenti son plataformas de servicios web integrados donde potentes bases de datos gestionan información no ya sólo sobre el usuario, sino sobre las interacciones entre los usuarios. Un ejemplo es la red de imágenes etiquetadas de Facebook: cuando un usuario sube una foto de sus amigos y señala sobre cada uno de ellos qué usuario de Facebook es (etiqueta), contribuye a generar una red de vínculos alrededor de esas personas, de tal forma que estos u otros usuarios puedan navegar entre las fotografías de distintos usuarios. Sin embargo, Facebook no interopera con Tuenti, Twitter u otras redes sociales. No son complementarias, cada una lucha por su cuota de navegación cautiva.

Pero los vínculos, las interacciones, son la razón de ser de Internet. Cuando una parte importante de la ciberpoblación desplaza sus interacciones de la red de hipervínculos a un espacio en profundidad privativo, las redes sociales se convierten en un problema para la red colectiva basada en estándares.

Desde su aparición, Internet ha podido extenderse gracias a un concepto tan simple como difícil de lograr, los estándares. Los protocolos y lenguajes utilizados en internet son creados o tutorizados por distintas asociaciones, como la World Wide Web Consortium (W3C), con el objetivo de hacer Internet más interoperativo, accesible y usable. Y sin embargo, las empresas más poderosas en la red, como Microsoft, Google, Facebook, AOL, Amazon o Machintosh, también han ido aportando elementos que el éxito entre los usuarios termina por convertir en estándar. Por ejemplo, la mayor parte de los vídeos que se visualizan hoy en Internet utilizan un reproductor de formato flash, creado por otra gran multinacional del software, Adobe. También esta empresa es la creadora del formato PDF, estándar de facto en documentos preimpresos. La historia de Internet está llena de estos estándares ad hoc y nos recuerdan lo difícil que ha sido mantener la red de redes como un espacio abierto y consensuado.

Y en realidad, la cultura del procomún y de la producción colectiva abierta que animó el primer desarrollo de Internet estaba alojada en el mundo informático. A mediados del siglo XX casi todos los programas informáticos eran elaborados por académicos e investigadores, de tal forma que ni siquiera eran vistos como un producto. Los sistemas operativos eran mantenidos por comunidades de usuarios y en su distribución se incluía el código fuente para que los usuarios pudieran corregir errores o añadir otras funcionalidades. Ante la progresiva mercantilización de Internet en la última década, todo esto ha quedado reducido al incansable movimiento por el software libre y la cultura procomún.

La red comercial 2.0
Hoy Internet sigue siendo un océano proclive para los blogs y otras islas de producción colectiva, pero es sobre todo, un gran espacio comercial. Como en el resto de los espacios comunicativos, la publicidad ha ido desembarcando en Internet hasta convertirse en el cibermensaje más rentable.

El creciente peso económico de la publicidad en los medios de comunicación tradicionales ha venido acompañado en estos últimos años por un problema también creciente, la saturación publicitaria. Incluso en un escenario de crisis económica como el actual y un descenso pronunciado de la inversión publicitaria, la saturación de la comunicación comercial hace peligrar su eficacia. Un estudio de la agencia Universal McCann cruzando los datos anuales de inversión publicitaria y los niveles de audiencia medidos por Sofres, concluía que el aumento de los minutos publicitarios televisados habría supuesto, desde el año 2001 al 2007, un incremento del 62% en el coste económico para conseguir que el espectador recuerde un anuncio [6].

La eficacia y la rentabilidad publicitaria señalan, por lo tanto, el problemático equilibrio entre los intereses de los anunciantes, la viabilidad económica de los medios de comunicación y los derechos del consumidor. Con el fin de acercarse a ese consumidor “cansado” y que “rechaza” la publicidad, los anunciantes y las agencias de publicidad han puesto en marcha estrategias menos agresivas, basadas en la proximidad y en generar lazos afectivos que aportan valor añadido. Y justamente, los nuevos canales de comunicación parecían ser los espacios más propicios para ello: «Las marcas están acostumbradas a hablar gritando» [7], dice un publicista especializado en Internet, denunciando que los nuevos medios requieren de una nueva cultura publicitaria; «Han aprendido a hablar de ese modo, y no saben hacerlo de otra manera, así que cuando llegan a internet compran un banner y gritan en él. Pero en los nuevos entornos de comunicación publicitaria debe plantearse un nuevo tipo de comunicación, basada en el intercambio en el diálogo, en la intimidad, en la relación a largo plazo. A nadie le gusta que le griten en una conversación íntima» [8].

Así, la fidelización del cliente no se basa ya en ofrecer ventajas económicas o regalos puntuales, sino en reforzar ese lazo emocional a través de la identificación con los valores de la marca: «No es solamente la capacidad para atraer de forma irremediable una mirada hacia uno o varios aspectos de la realidad, es además la valiosa habilidad de generar una experiencia que atrapa el espíritu y conquista la voluntad», dice un anuncio de la agencia publicitaria Starcom MediaVest para explicar su actividad.

Las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) han modificado en tan sólo unos años el panorama de la comunicación y, como no podía ser de otra forma, el propio escenario en el que se desarrolla la publicidad: “La comunicación de masas ha dejado de ser el monopolio de unos pocos (medios, agencias, empresas) para convertirse en una oportunidad abierta a un público, que ha evolucionado desde la consideración tradicional de audiencia (asociada, generalmente, a la recepción pasiva de contenidos) a la de usuario activo (con capacidad para interactuar con la información y con los medios que consume de muy diversas formas, así como para establecer redes de intercambio de información con otros usuarios e incluso para constituirse en emisor de ésta)” [9]. Desde la agencia Burson-Marsteller se atreven a hablar incluso de “anarquía en la comunicación”: “Los medios sociales han hecho que el control del mensaje corporativo pase de la organización a los consumidores y otros stakeholders, de manera que no hacer nada ya no es lo más seguro” [10].

Los propios directivos publicitarios, en alerta ante este nuevo escenario, reflexionan sobre su profesión y anuncian los retos que se les avecina: “Ya no sólo nos dirigimos a los periodistas como amplificadores de las noticias o informaciones provenientes de nuestras empresas o clientes, sino que tenemos que llegar a otro grupo de influenciadores bien distinto y segmentado (bloggers, usuarios activos, etc). Esto nos obliga a conocer perfectamente la Red, quiénes son los actores principales, qué les interesa y de qué forma quieren recibir nuestra información” [11].

Y es justamente en esa Red donde se están dando los cambios más evidentes. Los diarios digitales, por ejemplo, han triplicando su audiencia en los últimos cinco años, un crecimiento mayor que el del número de usuarios de Internet, que fue de un 20% [12]. Como muestra el Estudio General de Medios (AIMC, 2010), Internet es el único medio que en esta última década ha incrementado su penetración año tras año. También es el único medio donde ha crecido la inversión publicitaria durante 2009 y ya ocupa la tercera posición por volumen de inversión en el conjunto de los Medios Convencionales (InfoAdex, 2010).

Pero no sólo la información ofrece oportunidades para la publicidad en Internet. Por ejemplo, plataformas como Youtube han popularizado el video en Internet. Las primeras incursiones publicitarias en estas plataformas están sirviendo de experimentos acelerados, algunos con resultados sorprendentes: en la promoción en España de la película “Lobezno”, los espectadores del trailer en Youtube acudían un 10% más al cine que los que recibieron la promoción de la película por otros medios [13].

Microsoft, a través de su firma publicitaria Microsoft advertising, lleva años ofreciendo a los anunciantes herramientas especializadas en “behavioral targeting”, es decir, la segmentación de los usuarios de las redes y aplicaciones de Microsoft según sus gustos y características sociales: “Messenger es mucho más que un sistema de comunicación, es un medio para compartir información, fotos, archivos, vídeos, juegos [...] De ahí que, como plataforma publicitaria, es un verdadero caso de éxito para todos los anunciantes que han apostado por Messenger y el que prueba, repite” [14], explica Marisa Manzano, Directora comercial de Microsoft advertising. Según Marisa Manzano, los medios digitales han liderado el cambio de modelo comunicativo con el consumidor: “La publicidad ha dejado de ser instrusiva cumpliendo con la necesidad de ser interactiva con el usuario, quienes son mucho más dueños de su tiempo y de lo que, en definitiva, quieren recibir” [15].

Sitios web, juegos online, aplicaciones chat, plataformas de video y, por supuesto, redes sociales. Estas últimas son el espacio más novedoso, que ahora atrae campañas publicitarias experimentales y despliega todo el potencial económico del paradigma 2.0. Lo resumía la Directora Comercial de Facebook en España, Irene Cano, al hablar de “la era de la compra social”: a través de su empresa "la gente acude a sus amigos para pedir consejo antes de comprar algo. Entre ellos existe un efecto viral con el que antes una marca no podía sino soñar" [16].

Al desplazar la actividad de la red a espacios privativos, las redes sociales fragmentan la red de los estándares en busca de información rentable de los clientes y de experiencias mercadotécnicas de gran valor para las empresas. El sueño del internauta 2.0, peón creativo de la inteligencia colectiva, puede terminar en otra nueva pesadilla del capitalismo neoliberal.

La federación de redes abiertas
Como no podía ser de otra forma, del movimiento del procomún han ido apareciendo en estos últimos años alternativas a las redes sociales comerciales. En el terreno del microblogging, la mensajería breve colectiva, la alternativa a Twitter la ofrece Identi.ca (www.identi.ca). Como alternativa a Faceebook aparecen Diaspora (www.joindiaspora.com), Facecoop (www.facecoop.org) y N-1 (www.n-1.cc), uno de los nodos del proyecto social Lorea (www.lorea.org). Frente a las redes sociales comerciales, estos proyectos estudian cómo hacerse interoperativos sin perder su autonomía. En cuanto proyectos descentralizados basados en el software libre, el objetivo es devolver a las redes sociales el carácter abierto que hizo posible a Internet: “La web social federada podría resultar lo bastante poderosa y disruptiva como para devolver a quienes usan RSI su autonomía, libertad y, cómo no, el control total sobre sus datos en internet. Al permitir a sus usuario/as elegir cómo van a alojar y compartir sus datos y asegurar al mismo tiempo que cada una/o pueda comunicarse con la gente que elige otro servidor o RSI” [17]. Esta red de redes abiertas haría inútil la lucha de las redes sociales comerciales por el usuario cautivo y permitiría que las interacciones semicerradas de las comunidades virtuales se ubicaran de nuevo en la Internet de los estándares y los consensos.

El movimiento 15M ha empezado a utilizar las redes sociales alternativas para gestionar la comunicación interna, pero Facebook y Twitter siguen a dia de hoy siendo imprescindibles para la difusión de la revuelta. A pesar de que el movimiento ha tenido y tiene una estrecha relación con las redes sociales comerciales es consciente de la paradoja ante la que se encuentra. En Facebook o Twitter está la gente, y el 15M, si por algo se ha caracterizado, es por su afan de ser ciudadanía. Y, sin embargo, no es el espacio digital que le corresponde: “tenemos que estar en la calle, pero también en la plaza digital, y las redes comerciales no son la plaza pública digital”, defendía una activista en una de las reuniónes de comunicación. La acampada digital para tomar las calles del ciberespacio es improrrogable.

Isidro Jiménez, ConsumeHastaMorir – Ecologistas en Acción. en Viento Sur nº117. http://www.vientosur.info
Notas [1] "Twitter y Facebook no son útiles para analizar y comprender una situación", Sanro Pozzi, El País 24/03/2011
[2] Instituto BIFI de la Universidad de Zaragoza, Junio de 2011.
[3] Según la consultora Vipnet360, 2011
[4] Frente a los más de 2.000 millones de usuarios actuales que tendría hoy Internet según Internet World Stats. http://www.internetworldstats.com
[5] http://fcforum.net/es
[6] “Los anuncios de siempre ya no cuelan”, Amanda Mars, El País, 25/07/2008.
[7] Daniel Solana, director creativo de Double You, entrevistado en “El nuevo marketing 2.0”, Revista Interactiva Digital, nº 79, abril de 2007.
[8] Ibídem.
[9] “Los nuevos modelos de comunicación”, Ludi García García, en Anuario de la Comunicación. DirCom 2009.
[10] “The Global Social Media Check-up”, Burson-Marsteller, 2009.
[11] “Los nuevos modelos de comunicación”, Ludi García García, en Anuario de la Comunicación. DirCom 2009.
[12] “El panorama interactivo de los grupos de prensa y revistas en España”. El libro blanco de IAB. Cuadernos de comunicación interactiva. IAB 2009.
[13] "¿Quiénes son los «youtubers»?", ABC.es, 10/12/2009
[14] Entrevista a Marisa Manzan en Revista Interactiva 109 enero 2010.
[15] Ibídem
[16] “Facebook podría alcanzar una valoración de 100.000 millones de dólares”, Expansión, 13.06.2011.
[17] “Redes sociales libres, más seguras y federadas”, Spideralex, Diagonal, 13 septiembre 2010.
http://www.letra.org/spip/spip.php?article4338

sábado, 29 de octubre de 2011

Libro: "Decrecimiento. 10 preguntas para comprenderlo y debatirlo"


Decrecimiento.
10 preguntas para comprenderlo y debatirlo

D. Bayon, F. Flipo y F. Schneider
Ed. El Viejo Topo 

El término “decrecimiento” hace referencia a un movimiento intelectual y militante que estima que la crisis climática y el callejón sin salida del modelo capitalista sólo podrán ser superados al precio de abandonar el actual modelo de desa­rrollo productivista y de sus fundamentos: el culto fetichista del crecimiento y la creencia ciega en los inacabables beneficios del progreso tecno-científico.
“Peligrosa utopía”, “proyecto reaccionario”, “tonta ilusión” son calificativos que se han utilizado para desacreditar este movimiento, el cual ha suscitado una condescendiente sonrisa irónica o una instintiva desconfianza en el medio político tradicional y en buena parte del mundillo intelectual.
Lo que convierte a este libro en un instrumento definitivo para comprender de qué se habla cuando se habla de decrecimiento, rompiendo malentendidos y prejuicios, es que responde con argumentos a una serie de cuestiones clave de forma diáfana, sencilla pero rigurosa. Diez preguntas tales como:

1. ¿Qué significa “decrecimiento”?
2. El decrecimiento, ¿una idea nueva o una idea reaccionaria?
3. ¿Por qué decrecimiento y no “desarrollo sostenible”?
4. ¿Constituye el decrecimiento el final del progreso científico y técnico?
5. El decrecimiento ¿es un malthusianismo?
6. El decrecimiento ¿es privación o alegría de vivir?
7. ¿Significa recesión, desempleo, el fin de la economía de mercado?
8. ¿Es aplicable a los países del Sur?
9. ¿No implica una visión dirigista o autoritaria de la política?
10. ¿Qué significa concretamente una política de decrecimiento?
 

sábado, 22 de octubre de 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

Salir de Termidor

Nota SinPermiso: Esta semana ha aparecido el ensayo Un Largo Termidor. La ofensiva del constitucionalismo antidemocrático (Trotta, Madrid, 2011) de Gerardo Pisarello, profesor de derecho constitucional y miembro del Comité de Redacción de SinPermiso. Al hilo de la contraposición clásica entre democracia y oligarquía, el libro analiza la genealogía político-constitucional de los ataques al principio democrático así como de las resistencias que estos han suscitado. Reproducimos, a continuación, la presentación escrita por el propio autor para el blog de la editorial (http://www.trotta.es/blog/)
*
La agudización de la crisis ha colocado a la democracia en el centro de una áspera disputa. En Nueva York y Atenas, en El Cairo y en Madrid, en Marsella, Londres, Barcelona o Reikavik, miles de jóvenes precarios, trabajadoras y trabajadores despedidos, maestros, pensionistas, personas hipotecadas e inquilinos expuestos al desahucio, artistas, migrantes, periodistas e internautas, vecinos afectados por la privatización o el deterioro de la sanidad, la educación, el agua o el transporte, denuncian la degradación de la vida política y económica. Afirman que no quieren ser “una mercancía en manos de políticos y banqueros”. Y exigen, en un grito que atraviesa el planeta: “¡Democracia real ya!”.

Esta demanda democratizadora contrasta de manera visible con el desconcierto o la pasividad de las clases gobernantes. En su boca, la democracia continúa presentándose como el más legítimo de los regímenes políticos. Mientras tanto, el grueso de los elementos con los que ésta suele identificarse –el gobierno de las mayorías, el pluralismo político, la protección de las minorías vulnerables, la vigencia de libertades públicas amplias- se encuentra en crisis. Decisiones cruciales para la seguridad material y la autonomía de amplios sectores de la población son adoptadas por grupos privados carentes de legitimidad electoral o de control ciudadano alguno. Entidades financieras, grandes inversores, oligopolios informativos, agencias de calificación de deuda, empresas transnacionales, concentran un poder inédito, capaz de colonizar partidos, parlamentos y tribunales y de reducir consignas como las de “una persona un voto” a poco menos que quimeras.

Naturalmente, la percepción de estos fenómenos está condicionada por la idea de democracia que se profese. Las concepciones liberal-tecnocráticas dominantes, de hecho, minimizan esta distancia entre el ideal democrático y su práctica efectiva. Para ello, suelen reducirlo a una simple técnica de recambio periódico de las élites gobernantes. Esta concepción restrictiva de la democracia, que permite descalificar como demagógica o maximalista cualquier crítica que pretenda mirar más allá de estas premisas, oculta, no obstante, su sentido histórico profundo. Y acaba por dar cobertura a regímenes que, cada vez más, operan como oligarquías isonómicas, es decir, como regímenes controlados por minorías económicas que apenas admiten, de manera selectiva, el disfrute de algunas libertades públicas.


Esta tensión entre democracia y oligarquía, o si se prefiere, entre Constitución democrática y Constitución oligárquica, no es desde luego nueva. Fue lúcidamente entrevista por pensadores como Aristóteles y atraviesa la historia de la humanidad desde la antigüedad hasta nuestros días. En ella no faltan, al igual que hoy, teorías y prácticas empeñadas en despojar al principio democrático de su componente igualitario y emancipatorio, marginándolo o reduciéndolo a una pieza inofensiva de la organización social. Estos intentos se han presentado bajo diferentes ropajes. Como necesario antídoto contra la “tiranía de las mayorías”. Como defensa de la Constitución mixta frente a la Constitución popular, siempre expuesta a los “humores de la multitud”. O simplemente como una apuesta por la democracia limitada, moderada, frente a la extremista democracia pura o absoluta. Dispuestos a ganar el sentido común, estos argumentos han intentado cubrirse con la bandera de la moderación, del rechazo a la hybris, al exceso. Pero han dado voz, invariablemente, a temores e intereses exaltados, vinculados a posiciones elitistas y a plutocracias de diverso signo.

Que para identificar esta persistente corriente antidemocrática se evoque a Termidor no es baladí. Termidor fue el mes –según el calendario revolucionario francés- en que tuvo lugar el golpe de Estado de 1794 contra el movimiento democrático que surgió de la caída de la Monarquía y de la proclamación de la República. Dicho golpe supuso la interrupción de un proceso vigoroso de lucha por la extensión de los derechos políticos y sociales de la población, comenzando por sus miembros más vulnerables. Desde entonces, Termidor ha quedado identificado con los procesos de desdemocratización realizados en nombre de la gran propiedad y del gobierno de los notables (y a veces, también, con la degradación burocrática y despótica de las reacciones contra otras tiranías o plutocracias).

De ahí su importancia en los tiempos que corren. Y es que la llamada globalización neoliberal, el capitalismo financiarizado al que ha dado lugar, también podrían considerarse el último capítulo de un largo Termidor. De una honda recomposición en las relaciones de poder que, apelando al ideal democrático, ha acabado por desnaturalizarlo en beneficio de un orden constitucional con fuertes componentes oligárquicos. Esta contrarreforma tiene una fuerza innegable. Pero no es inevitable ni irreversible. Como ocurre con otros conceptos usados en vano, la noción de democracia puede ser rehabilitada, rescatada del naufragio. Para comenzar, si se vincula a su mejor herencia histórica. La que entronca con el constitucionalismo revolucionario de los siglos XVII y XVIII, con el constitucionalismo democrático republicano de entreguerras, en el siglo XX, e incluso con experiencias como las del llamado nuevo constitucionalismo latinoamericano, ya en el siglo XXI. La que va de Efialtes y Aspasia de Mileto a Thomas Paine y Karl Marx, de Flora Tristán y Rosa Luxemburg a Patrice Lumumba y Martin Luther King. Ello nos ayudaría a verla, no ya como un simple mecanismo de renovación de élites, sino como una inveterada tradición emancipatoria. Una de las pocas quizás, capaz de abanderar hoy las exigencias de millones de mujeres y hombres a favor del autogobierno político y económico de todas las personas y pueblos y de la reproducción sostenible de la vida en el planeta. 

Gerardo Pisarello, profesor de derecho constitucional de la UB, es miembro del Comité de Redacción de SinPermiso.
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4497
http://www.trotta.es/pagina.php?cs_id_pagina=19&cs_id_contenido=33372

sábado, 15 de octubre de 2011

15-O.


15-O
Forges
El País

viernes, 14 de octubre de 2011

Libro: ¿Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan?


¿Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan?
Once respuestas para entender la crisis
Autores: Antonio Sanabria Martín, Luis Buendía García, Nacho Álvarez Peralta, Ricardo Molero Simarro y Bibiana Medialdea García (coordinadora).
Icaria/ Asaco
Nunca antes, los medios de comunica­ción y los políticos profesionales nos han ha­blado tanto de economía, pero por más que leemos y escuchamos no nos dan las claves para contestar a las preguntas fundamentales, o  tan siquiera informaciones que nos llevarí­an a planteárnoslas. Por el con­trario, la economía se nos presenta como algo oscuro, técnico, casi sobre­na­tural; en cualquier caso, indiscutible.

Con la intención de ha­cerlo de la for­ma más directa y clara posible, este li­bro se ha or­ganizado en tor­no a 11 pre­­guntas bá­sicas, que intentan aportar algunas cla­ves fundamentales para com­prender  “quiénes son los mer­cados y cómo nos gobiernan”.

Sobre el grupo de autores cabe des­tacar la coincidencia de dos ele­men­tos, que explican su trayec­toria de trabajo conjunto. Por un lado, su formación: académica, en el Depar­tamento de Economía Aplicada I de la UCM; y política, en el seno del movimiento estudiantil y en torno a la asociación Economía Alterna­tiva. En segundo lugar, su constante y muy temprana vocación divulgativa; el afán por “bajar la economía a la calle”, pero sin renunciar a los requisitos básicos exigibles a toda labor investigadora.
 Comentario
¿No estará siendo todo simplemente un robo?
Luis Alegre Zahonero
Rebelión
   
Quienes no somos economistas estamos de enhorabuena. La publicación del libro Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan , coordinado por Bibiana Medialdea, es un foco de luz apuntando a los mecanismos básicos con los que, de un tiempo a esta parte, no han parado de vapulearnos. En las páginas de los periódicos nos encontramos cada mañana con una especie de parte médico diario sobre el estado de ánimo de los mercados. Pasamos el día pendientes de si están nerviosos, irritados, abatidos, eufóricos, o si está a punto de darles de nuevo un ataque de histeria que nos va a arruinar la vida a todos. Resulta sin duda inquietante depender a vida o muerte de alguien con ese cuadro psiquiátrico y que no sabemos quién es. Lo único que conocemos, al parecer, es la terapia adecuada: inyectarle dinero constantemente como el que administra la dosis diaria de tranquilizantes. Así, hay que ajustar salarios, reducir pensiones, ampliar la edad de jubilación, recortar en sanidad, desmantelar la educación y liquidar todos los bienes públicos para preparar las inyecciones que necesita ese loco de atar en cuyas manos estamos. 

Lo cierto es que todos (también quienes no somos economistas) estamos ya desde hace tiempo con la mosca tras la oreja. Sospechamos que detrás de todo esto se esconde una gigantesca estafa, pero escuchamos las explicaciones con la misma desconfianza e impotencia con la que cualquier labriego ha escuchado siempre las explicaciones que le daban el terrateniente o el hombre de negocios de la ciudad: sabiendo que es todo mentira pero ignorando los detalles que nos permitirían confrontar la explicación.

A este respecto, Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan resulta luminoso. En efecto, se trata de un libro que llama la atención por su sencillez y claridad. Esto, sin duda, constituye un mérito de los autores, pero no tanto por la transparencia de su (digamos) “estilo literario” como por la precisión con que analizan lo indignantemente simple que, en el fondo, es la cosa misma. A este respecto, junto con la claridad, lo que más se agradece en el libro es el extraordinario rigor teórico con el que se abordan las cuestiones. Ciertamente, en los tiempos que corren, cuando los hechos desnudos nos dan la razón con tanto empeño, no hay peor negocio que la propaganda. Pero, en esta ocasión, nos encontramos con el rigor académico del que este grupo de economistas ha hecho gala en trabajos de investigación anteriores (como, por ejemplo, el libro Ajuste y salario: las consecuencias del neoliberalismo en América Latina y Estados Unidos, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2009), puesto ahora al servicio de explicarnos quiénes son los mercados, por qué las agencias de calificación tienen tanto poder, cómo una crisis financiera en EEUU llegó a convertirse en una grave crisis financiera y económica mundial, cuál es el papel de los bancos en la crisis, por qué ahora son los estados los que están en crisis, por qué hay amenazas sobre España si su deuda pública no es elevada, cómo se concreta la dictadura de los mercados y por qué la suspensión de pagos de un país europeo pone en peligro al euro, que son las 8 preguntas a las que se contesta antes de pasar, en los tres últimos capítulos, a plantear posibles salidas y soluciones.

En definitiva, basta aclarar cómo y por qué han ocurrido las cosas para entender de inmediato que perfectamente podrían haber ocurrido, y podrían ocurrir, de un modo distinto. En efecto, basta el análisis del propio mecanismo de saqueo para comprender que en absoluto es inevitable: los estados podrían haber decidido no asumir el coste de los rescates financieros ni cargar con una deuda que no era suya; el BCE podría financiar a los Estados al menos en las mismas condiciones en que inyecta dinero a las entidades privadas; podríamos volver a cobrar impuestos a los grandes capitales en vez de optar por pedirles el dinero prestado; puestos a pedirles prestado, podríamos no habérselo prestado nosotros antes 5 veces más barato; podríamos incluso habernos quedado con la banca que hemos tenido que pagar; con sus activos inmobiliarios se podría generar un parque público de alquiler... etc. Con algunas de estas medidas se podría evitar, por ejemplo, que la misma familia tenga que entregar su vivienda al banco, tenga que seguir de todos modos pagando el crédito hipotecario (por no establecerse la dación en pago), tenga además que comprar el banco entero con sus impuestos, no pueda reclamar ninguna propiedad sobre él y, además, tenga que hacer todo esto a la intemperie.

Ni las versiones del comunismo más disparatadas, esas que nos harían compartir a todos el mismo cepillo de dientes, podrían competir en radicalidad con el capitalismo en su versión financiera. En estas condiciones, averiguar quiénes son y cómo gobiernan es ya un acto revolucionario.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137500&titular=%BFno-estar%E1-siendo-todo-simplemente-un-robo?-


jueves, 13 de octubre de 2011

Palabras que no están funcionando

Los políticos han logrado el prodigio de comunicar constantemente la opacidad.

Algo no está yendo bien. De los dos métodos clásicos para obligar a alguien a aceptar aquello que le perjudica -la fuerza y la persuasión-, los gobernantes europeos han elegido el segundo: civilización obliga. La persuasión se consigue mediante una sutil elección de las palabras, para que cumplan su función de forma inconsciente. Lo describió con admirable franqueza Frank Luntz, asesor lingüístico del Partido Republicano, en su libro Words that work (Palabras que funcionan). En la década de los noventa se encargó de reformular su mensaje sobre el sistema asistencial, que era Preservar y proteger la Seguridad Social: "En mis encuestas y trabajo de campo", relata Luntz, "percibí que la mayoría de la gente era favorable, en realidad, a una postura más activa y comprometida. Preservar y proteger sugiere mantenerlo como está, mientras que fortalecer implica mejorarlo, y eso es lo que los mayores realmente querían (...). Docenas de diputados republicanos estuvieron de acuerdo".

Para seguir tan sencillas instrucciones, resulta irrelevante detenerse en las acciones que realmente se estén llevando a cabo: lo importante es forjar la percepción que los ciudadanos se hacen de ellas. Ya no es que la comunicación haya sustituido a la política; es que los políticos han logrado el prodigio de comunicar constantemente la opacidad. Por eso ni el PP ni el PSOE se molestaron en explicar las implicaciones de la reforma constitucional. Les bastó con cumplir un ritual de ventas cuyo eslogan pasaba por la idea demencial de que al introducir como "prioridad absoluta" el pago a los acreedores se garantiza la política social. En buena lógica, esa garantía se habría logrado elevando a prioridad constitucional el Estado de bienestar, pero las "palabras que funcionan" no están al servicio de la lógica, sino de la conquista de las mentes.

Sin embargo, algo no marcha como debiera. Los usos lingüísticos deben seducir, y la seducción nunca revela sus métodos. Las palabras deben sugerir, el discurso ha de resultar envolvente. Se trata de crear una mistificación -un marco, por usar el término de Lakoff- donde la persuasión fluya sin estridencias.

Cuando los gobernantes se ven obligados a pelear abiertamente por colocar sus conceptos, el engranaje se está atascando. Dolores de Cospedal pide a los periodistas con insistencia no hablar de recortes, sino "de una mejora de la gestión", mientras Esperanza Aguirre los niega una y otra vez. Se ven obligadas a rechazar de forma abierta la palabra "recortes", porque la seducción ha fracasado. Entonces la lógica se abre paso: no se salva la sanidad pública cerrando hospitales, no se tienen buenos médicos quitándoles media paga de Navidad; no se mejora la enseñanza aumentando el número de alumnos por aula ni se invierte en el futuro de un país reduciendo el presupuesto de Educación.

Hace algunos días el consejero delegado del BBVA, Ángel Cano, recomendaba a los periodistas que no emplearan la palabra "ricos", por su "enorme carga emocional", y sugería cambiarla por "personas de rentas elevadas". Sin embargo, se han oído pocas quejas respecto de otras palabras con una fuerte carga emocional que llevan tres años asentadas en el discurso dominante: miedo, pánico, pavor, nerviosismo, intranquilidad, incertidumbre, abismo, bancarrota, quiebra. Parece fuera de toda duda que la situación económica es pésima, pero si uno levanta la vista de esos folletines de terror en que se han convertido los periódicos, repara fácilmente en cómo el discurso del miedo se reconduce a favor de unas determinadas políticas y no otras. Quiebra Lehman Brothers, el sistema financiero mundial entra en crisis, ¿y nos hablan de mejorar la gestión hospitalaria? Estalla la burbuja inmobiliaria, se multiplica la morosidad de los constructores, a los bancos no les cuadran sus balances, ¿y hay que racionalizar el presupuesto de los institutos? Los hechos indican que han faltado buenos gestores, no en hospitales y colegios, sino en bancos, cajas y Ministerios o Consejerías de Economía. ¿En qué pliegue del camino se quedó el sentido? O, como diría el Clotaldo de La vida es sueño: "¿Qué confuso laberinto es este, donde no puede hallar la razón el hilo?".

Hemos llegado hasta aquí sin apenas sobresaltos sociales, pese a las altas cifras de parados, desahuciados, precarios; pese a las subidas de impuestos y las restricciones. El miedo ha abonado la persuasión. Pero junto a esta nueva oleada de recortes del 20%, que entran inmediatamente en vigor, se anuncia una tasita financiera del 0,01% para 2014, una segunda recesión y quizá nuevos rescates bancarios con más dinero de los contribuyentes.

Convertir en relato coherente esta alucinación va a requerir dosis de seducción sobrenaturales, justo cuando empezamos a percibir el fin del embrujo en las hordas griegas y en los asaltantes del Instituto Catalán de la Salud. El desparpajo con que los gobernantes piden que no llamemos recortes a los recortes muestra que las palabras han dejado de funcionar como esperaban los aventajados alumnos de Luntz. Intentarán darles cuerda como a un juguete averiado y, al constatar su inoperancia, descargarán su furia arrojándolo contra la pared. Porque allí donde falla la persuasión por la palabra, la violencia se pone a trabajar. El golpe fue siempre el recurso más convincente de la autoridad.

Irene Lozano es ensayista y periodista.
El País


domingo, 2 de octubre de 2011

Libro: "La hora del decrecimiento".


 "La hora del decrecimiento". 
Serge Latouche & Didier Harpagès
Ed. Octaedro


El crecimiento económico se ha vuelto insostenible para nuestro entorno. Pero la hora del decrecimiento no es solamente la de la urgencia ecológica, sino que, como proponen los autores, debe ser el momento de rehabilitar el tiempo, de trabajar menos para vivir mejor y de inventar nuevas formas de vida para recuperar el placer de la sobriedad.

El célebre economista y especialista del decrecimiento Serge Latouche, junto con Didier Hapagès, profesor de Ciencias económicas y sociales, ambos militantes del decrecimiento, exponen con claridad el proyecto decreciente en este libro breve y conciso.

Una lectura básica para todas aquellas personas que deseen abordar en profundidad los temas y las propuestas del decrecimiento.

sábado, 1 de octubre de 2011

Libro: "Cómo expropiar a los bancos". Núria Güell



"Cómo expropiar a los bancos"
(Com expropiar als bancs)
Núria Güell (coord.)
Editorial Melusina
 
 
Una guía sencilla y didáctica para expropiar a las entidades financieras.
Manual bilingüe castellano/català en el que se describe cómo pedir préstamos a los bancos y nunca devolverlos.

jueves, 29 de septiembre de 2011

"No hay diferencia entre lo que hace el banco y lo que hacen expropiadores y falsificadores, que es crear el dinero de la nada". Entrevista a Nuria Well

Entrevista a Núria Güell
Promotora cultural y activista social

Imágenes para la solidaridad

"No hay ninguna diferencia entre lo que está haciendo el Banco y lo que están haciendo diferentes expropiadores y falsificadores de dinero, que es crear el dinero de la nada"

Núria Güell , es Promotora Cultural. Repiensa la ética practicada por las Instituciones que nos gobiernan. Le interesa detectar los abusos permitidos por la “legalidad” establecida. Pero si por algo está ultimamente en la boca de todo el mundo es por su publicación: "COMO EXPROPIAR A LOS BANCOS", un manual que nos enseña a bajarnos de este mundo y entrar en esa otra realidad que es la de ser libremente insolvente y saber expropiarle al banco todo el dinero necesario. No os lo perdáis. 

viernes, 23 de septiembre de 2011

Simplemente... Forges


Forges
El País (23/9/2011)

NR. Attac Murcia.
Desde aquí nuestro reconocimiento, admiración y un abrazo.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Bolsas y cajas

Se introdujeron en Europa en los años setenta, un poco más tarde en España. Eran cómodas, baratas, vistosas, desechables. Todo el mundo te daba una y, como no había que pagar por ellas, mucha gente cogía dos o tres al vuelo, incluso si no las necesitaba para nada. En esa época, y todavía hoy en muchos países pobres, se las acumulaba, se las adoraba, se les rendía una especie de culto, como al oro o a los dioses. Quizás porque era la única cosa que se podía sumar sin límites o porque se asociaba originalmente a la riqueza de los centros capitalistas, lo cierto es que en las zonas más desfavorecidas del planeta, en las aldeas perdidas de Marruecos o en los barrios más castigados de El Cairo, se podía percibir una extraña avaricia aciaga, una multiplicación voraz en todos los formatos y todos los tamaños. Cada vez había más en las casas; cada vez llegaban más a los vertederos y su loca levadura cancerosa producía una suerte de alegría de la abundancia entre los que no tenían nada. La primera vez que me dieron una en un comercio de La Habana, hace pocos años, me puse muy triste; porque revelaba un rumbo económico y ecológico descarriado y porque la dependienta me la entregó con el orgullo de quien confunde un salto hacia el abismo con un salto hacia adelante. Como en Epistolario del subdesarrollo, la canción que Silvio Rodríguez escribió en 1969, es siempre muy fuerte el deseo de liberarse de la sensatez que oprime y de atarse a la insensatez que libera -sobre todo si viene de Europa o de los EEUU. 

Hoy las bolsas de plástico han invadido el planeta. Para que nos hagamos una idea, en el año 2002 se produjeron en todo el mundo entre 4 y 5 trillones de unidades. En 2008, sólo Europa fabricó 3, 4 millones de toneladas y desechó 100 billones de ejemplares. Algunas bolsas de plástico son prácticamente indestructibles, como las almas cristianas; otras tardan en disolver todo rastro de su existencia entre 180 y 400 años, ocho veces la edad media de vida en Sierra Leona. Por lo demás, unas 270 especies marinas ven afectada su supervivencia por culpa de estos polímeros químicos, derivados en su mayor parte del petróleo, que flotan a la deriva en los océanos. Como es sabido, en el norte del Pacífico, se ha localizado una gigantesca isla flotante de basura, compuesta sobre todo de materias plásticos y cuya extensión de 1,4 millones de kilómetros cuadrados triplica el territorio de España. 

Pero esta invasión imparable y potencialmente letal, acompañada o alimentada por el júbilo de la abundancia, proporciona una buena metáfora de las trampas lógicas del capitalismo. Recuerdo que a finales de los ochenta, cuando en las casas españolas había más bolsas de plástico que pulgas en un perro o ratas en un barco que se hunde, empezó a resultar inquietante este excedente a todas luces inaprovechable. ¿Qué hacer con ellas? La idea de que cada una de ellas podía resultar útil en algún momento impedía tirarlas a la basura; su exceso las hacía en conjunto completamente inútiles. Esta superfluidad materializada en todos los rincones de la cocina producía casi una cierta desazón metafísica; de los cajones salían bolsas de plástico, de los bolsillos brotaban bolsas de plástico; las bolsas de plástico comparecían aquí y allá, como medusas fuera del agua, o fantasmas blandos, invocando un uso imposible, proclamando su redundancia fatal. ¿Para qué podían servir?

Entonces alguien inventó otra bolsa, esta vez de tela, a veces en forma de animal, para guardar las bolsas de plástico. El alivio fue inmediato. Digamos que todas las bolsas inútiles podían guardarse juntas en la única bolsa que era realmente útil y cuya utilidad estaba precisamente justificada por la inutilidad de sus huéspedes. Parecía una magnífica ocurrencia. Pero en realidad este alivio traducía una extraña paradoja, un curioso cortocircuito lógico o tautología viciosa, en virtud de la cual se invertía la relación entre continente y contenido y era éste el que parecía encontrar justificación al mismo tiempo que alojamiento. ¿Para qué sirven las bolsas de plástico? ¡Por fin lo sabíamos! ¡Para guardarlas en la bolsa de tela! Las bolsas de plástico volvían a ser útiles, cumplían una función, encontraban un sentido a su existencia. No es que la bolsa de tela sirviera para guardar las bolsas de plástico sino que las bolsas de plástico -cuya inutilidad hasta entonces tanto nos inquietaba- servían ahora para rellenar la de tela; y por lo tanto, había que adquirir más y más bolsas de plástico para mantener siempre llena la de tela; e incluso comprar otra bolsa de tela, y apresurarse a llenarla, cada vez que no cabían más bolsas de plástico en la primera. Las bolsas de plástico servían para rellenar las bolsas de tela que servían para guardar las bolsas de plástico. De manera que cada vez había más bolsas de plástico y más bolsas de tela en la cocina. Lo que quizás explica por qué hay hoy un basurero flotante más grande que España y Francia juntas en el océano Pacífico.

Pero esta paradoja de la inutilidad recíproca -de la utilidad encantada- explica también por qué aceptamos con alborozo, como grandes logros de la evolución humana, las monstruosas redundancias del capitalismo. Digamos que el capitalismo siempre está inventando -sobre todo está inventando- bolsas de tela para guardar bolsas de plástico. Siempre está inventando soluciones muy funcionales a un mundo que en realidad no funciona. Por ejemplo: la autopista de circunvalación subterránea más grande del mundo, la M-30 de Madrid, es una obra de ingeniería refinada y eficaz que viene a justificar como razonable la miseria vital de la mayor parte de los madrileños: el exceso de coches con sus secuelas ambientales, la distancia cada vez mayor entre el hogar y el trabajo, la imposibilidad de educar a los propios hijos o la reducción del tiempo de ocio (Javier Mestre ha publicado recientemente una interesantísima novela sobre su construcción). Por ejemplo: el mercado mismo, como distribuidor de recursos, es una magnífica solución que viene a justificar como razonable la previa inutilización de la mayor parte de los recursos individuales y colectivos. 

El mayor invento de la humanidad no son las bolsas de plástico, sino las cajas. La caja craneal y la caja torácica, donde guardamos el corazón; los libros, cajas de letras; y la caja de música; y la cajeta, que es como en México llaman al dulce de leche. La rueda misma se inventó, no para acarrear bolsas sino cajas: el carro, en efecto, es una caja rodante. Y el impulso de la tecnología ha sido siempre el de inventar cajas cada vez más pequeñas con una capacidad cada vez mayor: los soportes informáticos son cajas diminutas en las que cabe varias veces el mundo -y en ese sentido, en términos tecnológicos, son lo contrario de una bomba atómica, que puede destruirlo varias veces.

Una caja de libros es una caja llena de cajas: lo contrario de una bolsa llena de bolsas. En esta última semana he recuperado una parte de mi biblioteca, varada en una de las estaciones de mi vida. Durante dos días he sacado de 20 cajas de cartón decenas de libros, tocados, vividos, subrayados, anotados. He acabado tan cansado como si picase piedra en una cantera; y me duelen tanto los riñones como si fuese cargador de puerto. Hay algo muy bonito en este hecho antiguo, un poco primitivo, de que la cultura ocupe lugar. Pero también, mientras resucitaba un libro tras otro entre mis manos, me he sentido un poco apremiado y acosado: todo a mi alrededor me parecía excesivo, como si en la capacidad misma de producir hubiese algo canceroso e irrefrenable; como si todo ese papel fuese una excrecencia de mi cuerpo y tuviese que cargar el resto de mi vida con una monstruosa jiba de miles de kilos sobre la espalda, con un enorme caparazón de tortuga de pequeñas posesiones calcificadas. Y he sentido la necesidad de dejar sólo el cielo, las montañas, los dos brazos. Y una pequeña caja que contenga todas las cosas que el capitalismo aún no ha robado.

El capitalismo inventa sin parar bolsas para guardar bolsas. Carguemos pocas cosas, pero siempre en cajas.
La Calle del Medio